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lunes, 30 de agosto de 2021

Decálogo para un joven escritor

 



A Leire, cuando descubra las palabras de la vida.
A Ángel, que ya se adentra en el laberinto gozoso de la escritura.


    Escribir es un ejercicio personal, íntimo y, a menudo, intransferible. No hay recetas mágicas ni atajos, ya que pueden haber tantos métodos de escritura como escritores.
La mayoría de los consejos que ofrezco son fruto de la experiencia y de la reflexión durante distintas etapas de mi vida. Otros, por el contrario, están entresacados de famosos decálogos de escritores, como los de Ray Bradbury, Augusto Monterroso, Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti o Jorge Luis Borges. 

1. Lee siempre, como escritor y como lector que goza con la lectura. Lee cuanto puedas, lee variado en géneros y temas. Lee a los grandes maestros de la literatura, pero también a los grandes desconocidos que algún día puedan impartir su magisterio.

2. Escribe siempre, aunque no tengas nada que decir. La escritura se adquiere y se desarrolla con la práctica

3. Piensa antes de escribir. No escribas sin un plan previo, sin una respuesta a qué quieres transmitir y cómo lo quieres redactar. No improvises ni te permitas la creación de un texto invertebrado -carente de estructura y de mensaje- o sin músculo ni piel, pues la fortaleza externa debe residir en una cohesión que no prescinda de la belleza de las palabras.

4.  Sé un buen mentiroso. La literatura no deja de ser una mentira socialmente pactada entre el escritor y su lector (accidental). Los buenos escritores, por tanto, son los buenos mentirosos, aquellos que añaden una pizca de ficción al guiso de la realidad, para que no se le rompa la ilusión literaria al lector por falta de verosimilitud

5. Ten en cuenta al lector. No escribas para ti mismo. Sin receptor no hay comunicación y, en consecuencia, mensaje. El lector, por otra parte, siempre interpretará el texto desde sus coordenadas de realidad, cambiantes de una persona a otra, y dependientes del bagaje cultural, experiencia lectora y contexto de cada uno. Esta es la razón por la que una misma obra llega a tener distintas lecturas a lo largo de periodos dilatados de tiempo.

6. Sugiere antes de decir. La buena literatura no es explícita, sino que navega con más o menos habilidad en los procelosos mares de la ambigüedad interpretativa. En todo texto literario hay un texto denotativo, apto para una lectura somera, que no conlleve demasiado esfuerzo en su comprensión, y uno o más subtextos, de naturaleza connotativa, que requieren de un esfuerzo mayor, pues llegan a bifurcarse en dos o más líneas interpretativas, lo que supone todo un reto, incluso para los lectores más avezados. En definitiva, trabaja el texto, pero cuida que haya un subtexto que incentive a los que sientan verdadera curiosidad por tu obra.

7. Encuentra tu propia voz. Busca los temas y la forma de combinar las palabras que hagan de tus escritos un objeto único e irrepetible por el que te puedan identificar como autor. En pocas palabras, convierte tu estilo en tu marca personal

8. Elige la sencillez a la retórica fácil. Los textos oscuros, de aires líricos e ínfulas cultas son más apetecibles para el escritor que empieza que la prosa sencilla, sobria, mesurada y con deseo de claridad. Esto se debe a que la escritura equilibrada y sin aspavientos necesita de un ejercicio de contención lingüística que armonice la precisión con la variedad. 
Por ello, se ha de prescindir de términos vagos, de excesiva amplitud semántica, como las proformas léxicas “cosa” o “hacer”, en favor de un uso meditado de sinónimos y antónimos, por lo que deberás recurrir con frecuencia a diccionarios especializados. Repite las palabras con una intencionalidad determinada y no por desconocer alternativas que bien se podrían encontrar en obras de consulta.  Huye, además, de las expresiones tibias, como “una especie de”, ya que apagan la pasión de la escritura. Cuida sustantivos y verbos; no te conformes con términos que no reflejen la realidad o la acción que quieras transmitir con irrevocable exactitud. Dosifica los adjetivos calificativos, con preferencia por los especificativos, y raciona los adverbios acabados en “mente” para aligerar la lectura y prevenir que se le indigeste al lector desde la primera línea. Finalmente, combina las oraciones simples con oraciones compuestas de una extensión que no sobrepase las tres líneas, con especial gusto por las coordinadas copulativas o adversativas por encima de las subordinadas de relativo o adverbiales. 

9. Marca el ritmo del texto a través de una selección trabajada y variada de conectores extratextuales que, a su vez, te permitan regular la información. La repetición de elementos literarios, de palabras y el uso estratégico de signos de puntuación -con prevalencia de comas y puntos- serán otros recursos valiosos para lograr una escritura ágil, a la par que coherente y accesible.

10. Revisa tu obra. Repasa cada elemento, palabra o signo, para que fluyan en total armonía, hasta el mismo momento en que debas entregarlo. Modifica, añade o elimina sin miedo, pues, en ocasiones, escribir es sinónimo de pulir todo aquello que entorpece la lectura. Los procedimientos de revisión no son menos importantes. Desde encomendar tu texto a un lector de confianza, en busca de una opinión objetiva (aunque no siempre sea sincera), hasta leer el escrito en voz alta (a imitación de los que tocan de oído) o mantenerlo un tiempo olvidado en un cajón, con la intención de retomarlo tras la distancia que necesitaría cualquier juicio crítico. 

En resumidas cuentas, el dominio de la escritura debe crecer con el escritor, con su experiencia de la vida y profundización en los mecanismos más íntimos del lenguaje literario, ya sea como búsqueda constante de nuevas palabras o de una voz personalísima que haga llegar nuestros deseos o temores ocultos, nuestras obsesiones y esperanzas públicas, a los lectores del futuro.

viernes, 5 de abril de 2013

Tormentas de verano, de Sergio R. Alarte (II)

La continuación de mi comentario crítico sobre la novela Tormentas de verano, de Sergio R. Alarte, profundizará en las referencias, personajes, espacios narrativos y otros aspectos interesantes de esta obra.

Presentación de Tormentas de verano en Bibliocafé,
con David Mateo, Sergio R. Alarte y Anabel Botella

La caracterización de las tramas se debe no solo a la sucesión de hechos de uno u otro tipo, sino a la abundancia y uso de referencias, muchas reconocibles por cualquier lector y otras fruto de la documentación. Las referencias de la trama marco se reparten entre las de carácter metaliterario, culturalista, tecnológico, geográfico y de ocio. Las de carácter metaliterario utilizan la literatura para hablar sobre sí misma y sobre su proceso de creación. Pertenecen, sobre todo, a la alta cultura, ya que responden a la formación filológica de Sergio R. Alarte, a sus gustos personales, a cierta intención pedagógica con que escribió la novela y a las tendencias narrativas que ya consolidaron Emilio Pascual con Días de Reyes Magos y Carlos Ruiz Zafón con La sombra del viento. Por ello, no es raro encontrar a Garcilaso de la Vega junto con José Hierro o Federico García Lorca en los "duelos de juglares", un trasunto de las famosas "peleas de gallos" de los raperos que, en el fondo, no deja de ser un recurso ingenioso para acercar el proceso de creación literaria a los más jóvenes.
Las referencias culturalistas, por su parte, son más heterogéneas y no siempre apuntan a la alta cultura. Las de carácter cinematográfico, con claras alusiones a BuñuelMurnau y al cine Dogma sí, lo que no ocurre con las musicales, que se refieren tanto a los temas de John Coltrane o Massive atack, como a los grandes éxitos de la década de los ochenta o de Arctic Monkeys, contemporáneo de la novela. Las pictóricas, en cambio, apenas se reducen a Van Gogh.
Las referencias tecnológicas, además de vestir la trama de modernidad, contribuyen a su desarrollo como elementos estructurales, ya sean como fuente de información, como medio para lograr un fin determinado o como elemento socializador entre personajes. La tarjeta de memoria, por ejemplo, se ajusta a las dos primeras definiciones: recoge el mensaje de Aitana y es la pista más valiosa para saber dónde está. También adquiere relevancia la red social Tuenti, a través de la que se comunican las cuatro investigadoras adolescentes y fortalecen, aún más si cabe, sus lazos de amistad. El autor, además, la aprovecha con maestría para recrear el tan temido lenguaje SMS o de chat, al que se le achaca la mayoría de los errores ortográficos de los estudiantes. Los juegos electrónicos cooperativos por internet y toda la cosmogonía de aspectos propios de una cultura fanzinera, "underground", se sitúa entre las tecnológicas y las referencias de ocio, con los objetivos prioritarios de caracterizar mejor a ciertos personajes, como Azu, y hacer un alegato indisimulado frente a quienes los desprecian como parte de un tipo de "subcultura".
Los espacios narrativos están plagados de referencias geográficas reales, entre las que destaca la misma Salamanca, la Peña de Francia y Las Caballerizas que, junto con el tiempo cronológico, verano de 2012, le confieren una gran dosis de verosimilitud. La casa de la espiritualidad, en cambio, y a pesar de que también pueda estar inspirado en un lugar real, actúa como ficticio, al servir de puente, por ser un espacio común, entre la trama metaliteraria y policíaca, además de ser epicentro narrativo de la acción narrativa más climática, que se reparte entre el salón de actos y el campanario. Por otro lado, justifica el papel que realizan los dos monjes, el padre Damián y el padre Luna -uno de los cuales está basado en mi persona-, aunque acusen la influencia de El nombre de la rosa y, si se tiene en cuenta la organización secreta de los Numantinos, a El código Da Vinci, de Dan Brown.
El resto de personajes se divide en cinco tipos más: Julia y sus amigas; Felipe el Mayor y sus amigos, con los que tienen una relación de atracción y repulsión; los profesores del curso Jóvenes Artistas Españoles (JAE); Tomás el Lazarillo y su padre, el librero ciego; y los policías y científicos, de los que resaltaría a los agentes Castro y Benegas, cuya caracterización oscila entre una documentación detallada de primera mano y la licencia literaria inspirada, por ejemplo, en la serie televisiva Bones. Las chicas, por su parte, son los personajes más redondos de la narración, pues de la caracterización inicial -como musas de la literatura, pintura, cine y música-, van adquiriendo la entidad y consistencia atribuibles a unas chicas de catorce años, de lo que podrían ser sus pensamientos, sentimientos y ocurrencias, hasta percibirlas como totalmente reales hacia el final de la obra.

Tormentas de verano es, en definitiva, una novela sorprendente, entretenida y especialmente dirigida a jóvenes y que enganchará a cualquier adulto que se acerque a ella por su factura profesional, estilo,  elaboración de las tramas, riqueza de referencias y verosimilitud de sus personajes. Además, Alupa publicará, dentro de unos días, la guía didáctica para que profesores, bibliotecarios y padres puedan aprovechar todo su potencial didáctico, que hemos elaborado Sergio R. Alarte y yo, junto con un audiolibro que está ultimando Raúl Núñez, compañero de los tiempos de la Facultad y profesor de Educación Secundaria.

jueves, 4 de abril de 2013

Tormentas de verano, de Sergio R. Alarte (I)

Portada de Tormentas de verano, tomada de  Alupa.
Tormentas de verano es la segunda novela de mi buen amigo Sergio R. Alarte, editada por Alupa,y su primera incursión en el género de la literatura juvenil. Con anterioridad, había publicado El yelmo del caballero, una novela de fantasía épica, y Butterfly, una colección de relatos de ciencia ficción que trata de recuperar las clásicas "Space-Opera", que tan populares fueron en la segunda mitad del S. XX. Esta última obra, además, está a cargo de Kelonia, la editorial que fundó junto con su mujer, Carmen Cabello, gran conocedora de este microuniverso literario y persona de múltiples recursos para la edición.
La presentación de Tormentas de verano se celebró a mediados del pasado mes de febrero en el Bibliocafé de Valencia, de la mano de los escritores Anabel Botella y David Mateo, con la participación, inestimable, de la editora de Alupa. Allí se desgranaron algunas claves para comprender la novela, su proceso de escritura y de edición, en un ambiente relajado, casi festivo, salpicado de varias caras conocidas y con la presencia de algunos amigos con los que hemos compartido pupitre en la Facultad de Filología y escenario en el Grupo Poétiko de Laura y el perro de Ábalos.

Con el fin de facilitar la lectura de mi comentario crítico de Tormentas de verano, he decidido repartir su contenido entre dos entradas sucesivas, que publicaré entre hoy y mañana. Hoy trataré el estilo, tramas y estructura. Mañana desgranaré las referencias, personajes, espacios narrativos y algunos aspectos interesantes de esta obra.

La lectura de la novela reveló, en primer lugar, un cambio de estilo más sencillo, coherente y depurado, más profesional y próximo al del género de la Literatura Juvenil, lo que lo hace asequible al público lector adolescente, pero también al adulto, sin que caiga en el tedio o en la impresión de que solo es un libro para niños. Esta evolución se aprecia todavía más si se compara con su obra inmediatamente anterior, Butterfly, que publicó dos meses antes, donde se aprecian ya los primeros rasgos de este nuevo uso de las palabras.
El manejo de los elementos tradicionales y más innovadores de la LIJ constituye, en segundo lugar, otro de los grandes valores de Tormentas de verano. Se sirve de la protagonista, Julia, una chica de catorce años, aficionada a la literatura, para narrar la historia, dotarla de unidad y lograr que el lector se identifique, es decir, empatice con ella, y así mantener su atención. La elección del narrador y del punto de vista femenino, -en el que priman no solo la pasión por las artes, sino el valor de la amistad entre chicas, los primeros escarceos amorosos y cierto enfrentamiento con los chicos en clave de "guerra de sexos"- apuntan a las lectoras de edades cercanas como segmento mayoritario entre el público lector adolescente.
La trama, por su parte, participa de los elementos comunes del género, pero también de los más populares entre la narrativa contemporánea para adultos. Sergio R. Alarte desarrolla, por un lado, una trama de carácter metaliteraria y culturalista, centrada en las actividades del JAE y en la relación que establece la protagonista con la mayoría de los personajes ligados a este curso, y, por otro, una trama policíaca y de misterio, con ciertos tintes de ficción científica y políticos, donde Julia pierde protagonismo en favor de personajes secundarios o adultos que no aparecían hasta entonces y que nada tienen que ver con las artes. Ambas tramas se organizan en una estructura enmarcada, puesto que la metaliteraria abraza la policíaca al abrir y cerrar la novela, engarzadas por una sólida narración lineal, cronológica, que tan solo se ve alterada por el flashback principal, que desvela, a posteriori, el desenlace de la línea argumental de misterio, en un claro homenaje a Cervantes, cuando, sin esperarlo, interrumpió el relato al dejar al Vizcaíno y don Quijote con las espadas en alto.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Relatos terroríficos en 3º de ESO


Desde hace unos años, tengo por costumbre ofrecer una actividad voluntaria al comienzo de cada unidad en los grupos de la ESO que suelo premiar con hasta 0,2 puntos sobre la nota del trimestre. Estas actividades suelen ser de creación literaria, investigación, búsqueda y comentario personal de un texto, etc., y tienen como requisitos obligatorios que el alumno que la haya hecho la comparta en voz alta ante la clase y que se ajuste al enunciado que he dictado o que se estipula en el libro de texto. De esta manera, abro una puerta a la motivación, a la valoración positiva de los contenidos y de la materia, junto con la aportación de un contrapeso concreto y voluntario a la nota mejorable de un examen, prueba escrita u oral.
Los relatos que presento en esta esta entrada fueron inspirados por una de las actividades de comprensión y expresión referidas a la lectura de un fragmento de "La leyenda del jinete sin cabeza", de Washington Irving. Muchos conocían el texto por la versión cinematográfica de Tim Burton, Sleepy Hollow, y se dejaron seducir por la ambientación tenebrosa, romántica, que dibujaban las palabras de su autor. Algunas de esas pinceladas oscuras se pueden observar en los relatos de Andrea, Giselle y Lidia, además de otras influencias como la del cine de terror adolescente o la de la literatura del género para jóvenes, que les ha permitido cumplir con la condición del enunciado de incluir elementos narrativos como un grupo de amigos, las doce de la noche, la luna llena, un lugar deshabitado, ruidos misteriosos y visiones fantasmales.
El documento en PDF con los relatos escaneados se puede leer a continuación, en línea, o descargarlo desde este enlace en el dispositivo que se quiera.

Espero que disfrutéis de su lectura y que no paséis tanto miedo como yo al leerlos.

domingo, 11 de marzo de 2012

Los animales imposibles del Bestiario de Primero


Este Bestiario de Primero surgió de una actividad voluntaria sobre la descripción que realizaron algunos alumnos de 1º de ESO para Lengua Castellana, en el IES de Ademuz.  Los objetivos que recogía el enunciado eran: inventar un animal que no hubiese existido antes a partir de las características de otros que sí existieran, ponerle un nombre, describir tanto su apariencia física como sus costumbres o su personalidad, representarlo mediante un dibujo, compartir los resultados con el resto de la clase y reunirlo, junto con las aportaciones de otros compañeros, en un libro de animales imposibles o “bestiario”.
La última fase, la de la publicación, ha corrido a mi cargo que, como en otras ocasiones, he preferido componer con los trabajos escaneados de los estudiantes, con todos sus defectos, sus faltas de ortografía y sus borrones. Me pareció la mejor opción porque no solo facilita la inclusión de los dibujos originales que acompañan cada texto, sino que respeta el carácter original de cada texto y demuestra la indudable creatividad de sus pequeños autores.
La elección del formato en PDF se debe a que se puede almacenar en ciertas plataformas como Scribd, ya sea para descargarlo en el ordenador o para incrustarlo en un blog, como Aguja de marear, con el fin de que se pueda leer en línea.

Espero que disfrutéis con su lectura:

Bestiario de Primero

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Licencia Creative Commons
Bestiario de Primero por Héctor Monteagudo Ballesteros se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

martes, 5 de abril de 2011

"Orfeo y Eurídice" en 1º de ESO

Imagen de Edmund Dulac
Uno de los contenidos más interesantes del currículo de 1º de ESO en Lengua Castellana es el tratamiento que se le da a los distintos subgéneros narrativos de ficción, breves, como el cuento, la leyenda o el mito. Para ilustrarlo, explicaré la actividad que hemos realizado sobre el mito de Orfeo y Eurídice durante el segundo trimestre de este curso.
La aplicación en el aula las tres fases clásicas de planificación, desarrollo y corrección, inspiradas en el enfoque por proyectos de trabajo.
La fase de planificación tiene como objetivo principal realizar la lectura expresiva y comprensiva del texto "Orfeo y Eurídice", de Robert Graves. El texto en sí es un fragmento adaptado de un capítulo de Dioses y héroes en la antigua Grecia, editado por Lumen, y que leímos en clase como parte de las actividades para identificar las características esenciales de los mitos, desarrollar la comprensión lectora y practicar la expresión escrita. Se puede consultar en esta misma entrada y en la página 92 del libro de texto para este nivel de la editorial Oxford, Proyecto Ánfora, destinado a la Comunidad Valenciana. El capítulo completo, en cambio, se cita en el blog Psicoletra con algunas variaciones en su traducción.
Después de corregir las actividades y comentar ciertos aspectos del mito, como el final de Orfeo, asigné a cada uno de los alumnos las partes del texto que leerían ante el micrófono para grabar el podcast que reproduzco a continuación con iVoox y que edité, previamente, con Audacity. El objetivo de esta etapa de la planificación era mejorar la lectura expresiva de un texto mediante la motivación, la práctica y la reflexión que implica la grabación y la audición de un podcast. De esta manera, se dieron cuenta de que elevaban mucho el tono de voz al principio de cada oración para, después, bajarlo tanto que casi no se les escuchaba. Otro aspecto de la lectura, que ya habían advertido, pero al que no le daban tanta importancia, era el distinto ritmo y grado de fluidez que puede percibirse entre ellos y que, en más de un caso, tiene su correlación en la mayor o menor comprensión del texto.


Además de ser poeta, Orfeo tocaba la lira tan bien que no solo podía amansar a las fieras salvajes con su música, sino además hacer que las rocas y las piedras se movieran de su sitio y le siguieran. Un día muy desafortunado su bella esposa Eurídice pisó una serpiente dormida, que al despertarse la mordió. Murió a causa del veneno, y Orfeo bajó con mucha audacia hasta el Tártaro, tocando su lira, para rescatarla. Hechizó de tal modo a Caronte que este lo llevo hasta el otro lado del Estigio sin cobrarle nada; hechizó a Cerbero y le hizo gañir y lamerle los pies; [...] hechizó incluso al rey Hades, haciéndole liberar a Eurídice y permitirle seguir a su esposo y regresar nuevamente a la Tierra. Hades solo impuso una condición: que Orfeo no mirara atrás hasta que Eurídice estuviera a salvo bajo el sol. Así pues, Orfeo se marchó cantando y tocando alegremente. Eurídice le seguió, pero, en el último momento, Orfeo temió que Hades le estuviera engañando, olvidó la condición, se volvió ansiosamente para mirarla y la perdió para siempre.


Fragmento adaptado de Dioses y héroes en la antigua Grecia, de Robert Graves.


La fase de desarrollo tuvo lugar unos días más tarde, con el objetivo principal de visionar el vídeo de Orfeo y Eurídice para señalar las semejanzas y las diferencias con el texto de Robert Graves. El vídeo es el segundo capítulo de la segunda temporada de la serie El Cuentacuentos, de Jim Henson, dedicado a los mitos griegos. Lo encontré casi por accidente, tras un prolongado ataque de nostalgia por la primera temporada, presentada por William Hurt, sobre cuentos populares alemanes, rusos y noruegos. La versión que Jim Henson dirigió sobre Orfeo y Eurídice se adecuaba a los objetivos de la actividad porque su duración es de unos veintitrés minutos, se puede visionar en Youtube, está pensada para preadolescentes (la factura es menos infantil y más oscura que en los capítulos de la primera temporada) y recoge el mito completo, desde un lirismo que no teme a la crudeza de la historia.
Esta fase ocupó algo menos de dos sesiones: la primera fue en el aula multiusos, que dispone de un ordenador portátil, con conexión a internet y a un proyector. Después de pasar lista, les recordé qué y cómo iban a realizar la actividad, les dicté las preguntas que figuran en el ejemplo en PDF que adjunto y les dejé que leyeran de nuevo el texto mientras ponía en marcha el equipo para proyectar el capítulo de El Cuentacuentos. Tras apagar las luces, me senté entre ellos para disfrutar de la peliculita en silencio, aunque no pude evitar el comentario de algunos aspectos en voz alta, como la función del "óbolo" o quién es Perséfone y por qué solo está con Hades seis meses al año, hasta que una de las niñas me pidió silencio. Entonces comprendí que no les disgustaba, que estaban ya enredados entre los hilos de esta historia. También observé que unos cuantos tomaban notas para contestar a las cuestiones que había dictado. Después de que que salieran los títulos de crédito aclaré algunas dudas más e hice un primer sondeo sobre qué les había parecido el vídeo y la actividad, hasta el momento. La respuesta definitiva la escucharía en la sesión siguiente, durante la puesta en común para la corrección, por la segunda cuestión que dicté, que pretendía evaluar la idoneidad de los materiales, el diseño de la actividad y su rentabilidad pedagógica.
La opinión general fue favorable en cuanto a la posibilidad de realizar otra actividad similar. Respecto a los materiales, les llamó la atención que el vídeo no tuviese los efectos digitales que son tan frecuentes hoy en día;  algunos tuvieron dificultades para seguir la narración del vídeo, tal vez por el uso del lenguaje lírico del narrador o porque en el texto de Robert Graves se omite la introducción y el final del mito para centrarse en en el desarrollo de la trama.
La tercera fase, la corrección, se realizó en el aula habitual de Lengua Castellana. Hubo quien apenas tocó las notas que había tomado durante la proyección y otros, la mayoría, que lo repasaron en casa para ampliar sus respuestas o para poder contestar a la pregunta de opinión. Durante esta última puesta en común, pude observar qué alumnos se afanaban en corregir sus respuestas, puesto no habían comprendido del todo el texto o el vídeo, y los que no habían tenido mayores problemas.
El último paso es la escritura de esta entrada con el texto de Graves, el podcast correspondiente (grabaron algunos más, pero no están directamente relacionados con esta actividad), los tres vídeos de youtube del capítulo de El Cuentacuentos y un documento en PDF con una muestra escaneada sobre las cuestiones que han contestado, a la que sumaré nuevas muestras en cuanto pueda escanearlas.  




sábado, 13 de diciembre de 2008

"Las cuartillas de un náufrago" de Jesús Aparicio González

La vida está hecha de naufragios. Pero el hombre acostumbra a sobrevivir a su propio infortunio y adquiere la condición de náufrago, un nuevo estado de conciencia que le permite comprender qué solo y perdido entre las ruinas del mundo se encuentra. Desde esa lucidez extraña compuso Las cuartillas del náufrago mi buen amigo Jesús Aparicio, libro de poemas editado por Vitruvio en este mismo año.
La obra está dividida en dos carpetas que comprenden poemas escritos entre enero de 2005 y noviembre de 2006. Las influencias de Antonio Machado y la Generación del 27 son evidentes en la "Primera carpeta" por el uso de imágenes visionarias (cercanas a la metáfora surrealista), los recursos de contraste (antítesis, oxímoron, paradoja) y los de paralelismo, donde la anáfora ocupa un lugar un lugar privilegiado. La "Segunda carpeta" continúa con estos recursos, pero desde un estilo menos vanguardista y más próximo a lo cotidiano, a la naturaleza, sin desdeñar el tema amoroso desde una concepción esencialista que recuerda a La voz a ti debida de Pedro Salinas.
Para ejemplificarlo, he tomado dos poemas, uno de cada carpeta, que demuestran el oficio de poeta de Jesús Aparicio:


"Poética"

En silenciosa espera,
dejándose caer
al fin por el impulso
de quietud en alerta,
golpea con paciencia
insiste con los siglos
en un verso sin vértigo
sin voces y sin prisas,
sencilla transparencia.
Una
última
gota
hizo
el
agujero
en
la
piedra.

7 de enero de 2005


En el primer cielo no hubo estrellas.
En tinieblas inspira un pez de piedra.
Y en el roce del aire con las sombras
el ser encuentra su sonido
y salta al tiempo.
Una palabra
hará la luz.

25 de diciembre de 2005


domingo, 25 de mayo de 2008

Arte contra la pared

En una sociedad cambiante, es necesario buscar nuevas formas de expresión que se acomoden a las distintas visiones de la realidad. El graffiti es un buen ejemplo de forma límite, polivalente y, en ocasiones, inclasificable. Su valor artístico todavía no es reconocido por la mayoría de las instituciones, que en el mejor de los casos lo tildan de "vandalismo" urbano, pero su significación social es indudable. Se ha erigido en emblema de toda una corriente contracultural comprometida con ciertas reivindicaciones políticas e injusticias sociales, sin renunciar a la expresión personal, espontánea, gozosa del arte por el arte. Para ello aprovecha cualquier superficie, cualquier recoveco de nuestra ciudad que pueda dar volumen a su mensaje y compartir sus formas. Ya que la fuerza de los grafittis reside en que no se esconde en galerías ni locales bajo techo, sino que se exhibe a pie de acera, entre farolas y papeleras, a la vista de cualquier transeúnte. Es un arte popular, desinteresado, libre y solidario, que no tolera bien las injerencias del poder ni los cánones oficiales y que, en consecuencia, suele estar sancionado por la normativa municipal.
Un paso hacia el reconocimiento de su valor artístico es la edición del libro Rodant pels carrers que Ana Veintimilla ha compuesto sobre los graffitis del barrio de El Carmen de Valencia. En él se recogen 425 fotografías que la autora ha ido compartiendo en su blog mifotodeldía/ adivina la calle desde 2005. Además de las fotografías, este libro incorpora algunos textos de los grafiteros comentando sus obras, una información de primera mano que lo hace más interesante todavía. Según confiesa Ana Veintimilla, la idea surgió tras visitar las tres ediciones de Poliniza, el festival organizado por la Universidad Politécnica de Valencia, y que consiste en la habilitación de algunas superficies para que artistas propios e invitados de varias ciudades, también extranjeras, puedan expresarse con libertad y con la seguridad de que su obra permanecerá durante un año a disposición del público. Tiene la ventaja de que la preserva del "gris Rita" que trata de borrarlas día sí y día también, además de poder contemplar estilos y colores de otros lugares; pero también le resta espontaneidad y le niega parte de su carácter efímero, pues la certeza de que en breve desaparecerá es la garantía de que pronto disfrutaremos de un graffiti nuevo, tal vez más elaborado que el anterior.
No quisiera terminar esta entrada sin referirme a sus posibilidades didácticas. En primer lugar, porque estoy convencido de que, en ciertos casos, podemos emparentar a los graffitis con la poesía visual y, de forma más tangencial, con la publicidad, porque tienen en común el uso combinado de los códigos verbal e icónico al servicio de una intención comunicativa determinada. En segundo lugar, porque la atención a la forma de estos mensajes puede inspirar el diseño de actividades que trabajen la descripción en el aula a partir de fotografías que resultarán, a su vez, cercanas y motivadoras. Y, en último lugar, porque favorece la adquisición de ciertos valores, no sólo relacionados con la educación estética, sino que tengan también como objetivo diferenciarlos de comportamientos antisociales.
Las imágenes que siguen son mi aportación personal a esta forma de arte. La resolución es algo baja porque fueron tomadas con la cámara de un teléfono móvil, y no todas están localizadas en el mismo barrio del Carmen, aunque sean obra de los mismos autores, como Julieta xlf, de quien he tomado prestada la que encabeza esta entrada.
Si algún lector quiere saber más sobre este asunto, puede leer el reportaje de El País de hoy con sólo hacer click en el título.


lunes, 12 de mayo de 2008

De fábula

Hace unas semanas, vimos en 1º de ESO las fábulas como tipo de texto. Juntos aprendimos que son narraciones breves, en prosa o en verso, protagonizadas por animales que encarnan los defectos y las virtudes del ser humano. Esto es así, porque pretenden enseñarnos una lección sobre la vida, tienen una intención didáctica, que a veces leemos condensada en las dos últimas líneas que cierran el texto (o "moraleja"). Después leímos en clase algunos ejemplos, del estilo de "La cigarra y la hormiga", al tiempo que se familiarizaban (si no lo estaban ya) con autores como Esopo, La Fontaine, Iriarte o Samaniego. También les animé a que trajeran algún libro de fábulas que tuvieran en casa, para ampliar el corpus de textos y gozar de mayor variedad.
La segunda parte de la actividad fue la adaptación de la propuesta de escritura que proponía el manual: a partir de una moraleja y de una serie de personajes animales (entre los que se contaban un oso panda, una jirafa, una cucaracha, un tucán...) debían elaborar su propia fábula. Podían, además, ilustrarlas con dibujos y usar todo tipo de colores en su presentación.
Los resultados fueron interesantes, curiosos en algunos casos, pues tuve la oportunidad de adentrarme, aunque sólo fuera de puntillas, en su mundo personal. También obtuve pruebas fehacientes de su comprensión lectora y del grado de asimilación de los contenidos que habían alcanzado. En último lugar, me fijé en la calidad de la redacción y en la riqueza del léxico, sin olvidar la ortografía, lo cual me aportó una valiosa información sobre qué aspectos lingüísticos habría de reforzar en un futuro.
Ahora tenéis la oportunidad de disfrutar de estas muestras de escritura vivas, auténticas, apenas manchadas por mis correcciones.

viernes, 11 de enero de 2008

Textos para Laura y el perro de Ábalos


Recuerdos del líquido

Daniela, vorágine de sueños líquidos en un mar de dudas. La fémina del rosal que solloza flores rojas de la metafísica en el asfalto. Sí, tú, Daniela, la de los ojos azul sediento en este desierto humano, en esta hojarasca muerta de gentes ávidas de espíritu. Ahí va mi lamento...
Daniela, el sueño y la ensoñación del líquido, la dulce somnolencia que me rescata de la realidad tediosa de mis lamentos y de mis fobias contra el mundo. En ti todo se antoja delicioso y distinto. Hasta lo erótico cobra nueva significación para mí: tu sensualidad es verosímil y exquisita. Daniela, recuerdo gota a gota los besos que me diste, como los labios de coral fingido, como la pasión del silencio convertida en mujer.
Y después, te peinaba el cabello, como a una niña pequeña, cabellos de espuma, como de cerveza, como de lluvia muerta que no cesa...
Daniela, la ensoñación y la pesadilla del líquido, el reverso negativo del amor. Como un niño me aferré a tu falda a cuadros y a la sonrisa de los domingos y a los parques otoñales infestados de hojas muertas y poesía silenciosa. Hiciste de mí un amanecer de azufre, un títere sin cabeza al servicio de tu crueldad disfrazada de mujer y de sueño. Ahora soy yo el sonámbulo que limpia cada madrugada tu nombre con mi tristeza.

[Publicado en el nº12 de la revista “Náyade” de la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia]


La pasión según Juan Cabrera

Ayer murió Juan Cabrera, olvidado, soltero, sin haber recibido los Santos Sacramentos. El entierro se celebrará esta tarde, a las cinco, y se prevé íntimo y escaso. La tierra cubrirá su cuerpo, si alguna vez lo tuvo, y su alma se reinventará en un ser nuevo que no haya comenzado a sufrir. Aunque Cabrera lo predispondrá, con toda certeza, para los martirios en su afán de ganar la canonización, el hueco privilegiado en catedrales e iglesias muertas.
Aquí yace muerto, a mi lado, ensangrentado en tinta Juan Cabrera. Tuve que matarlo, privarlo de la vida que le di, oscura, opaca, como la mía. Lo asesiné con estas manos, de dedos largos manchados de nicotina, aunque ahora huelan a tinta, la sangre de Juan Cabrera. Pero no siento arrepentimiento, sino paz: era mi deber: yo lo creé, nació de mí. Tampoco siento vergüenza, pues Juan Cabrera fue el estigma de mis pensamientos desde el instante en que nació, tormentoso y absurdo, casi por accidente. Ahora me mira con ojos de muerto, ojos huecos, y la boca abierta de dientes podridos dibuja la sardónica sonrisa de los perdedores. No es fácil ejercer de alter ego y jugar para ganar, y menos tú, Cabrera, que apostaste demasiado alto. No me arrepiento porque volverás bajo la forma del otro, del desconocido, aquél que tomará tu alma pero no tu rostro, roído ya por la muerte. Volverás y no querré encontrarte; te apartaré de mí (ya lo hice una vez) para evitar la repugnancia, el miedo de carencias que me inspiras…


Milagro agrícola (Ayer)

Ayer te vi paseando por el bosque de cerezos, absorta en tus meditaciones, cabizbaja y melancólica, como antes. Las cerezas caían maduras a tu paso, como obra de un milagro agrícola, y se pudrían y florecían en nuevos cerezos noveles cuando ya te habías alejado lo suficiente. Sentí temor, pero también sentí tu gracia que me tocaba desde lejos, como una caricia aureolada que fecunda almas y corazones áridos. En mi pecho, siempre yerto y sin vida, brotó de entre la carne otro cerezo, laureado y espeso, que florecía y maduraba sus frutos a medida que me acercaba a ti, lleno de gracia. Tú, cabizbaja y melancólica, extendiendo el bosque de cerezos hasta donde llega el mar.


H. J. Wassermann

Icaria no es esta ciudad; se precipita sobre las entendederas de los hombres durante la vigilia y devora su voluntad hasta reducirlos a abúlicos esclavos del instinto. El hombre retrocede a la condición animal, y ya no es hombre. Icaria es una fábrica de fieras, una planta de reciclaje del humano bestiario, la redención de la inteligencia en aras de una tabula rasa para la civilización hasta entonces precedente. Es el fin de la historia escrita; a partir de aquí no hay ni ayer ni mañana: sólo un hoy infinito. Icaria, granja maldita, contigo morirán las palabras y un poco de mí también. Primero olvidaremos la escritura; después el habla; por último las ideas. Aprenderemos a no aprender; a desaprender lo aprendido.
Icaria sí es esta ciudad; se agotaron hace mucho las entendederas, pero los hombres son felices en el cómodo sueño de la ignorancia; nuestras vidas son tan simples como un alfiler. Abomino de Icaria y del doctor Wassermann, aquél que era antes. Yo ideé y construí Icaria, y ahora, prisionero de sus efectos, de esta estupidez narcótica y del imperativo de los instintos, me abandono definitivamente a la suerte de la abulia y de la amoralidad.
Icaria no es ninguna ciudad; la humanidad es una piara inmensa que copula y husmea tubérculos para sobrevivir. Wassermann es uno de tantos nombres olvidados a lo largo del hoy infinito.


Sed de ti

Mis dedos calcinados acarician el vacío sedientos de ti. Tu invocación desfigura mi boca amarga. Mi alma despellejada vaga errante a través del silencio, como alma en pena, como espectro castigado en amores que no halla descanso en las noches permanentes de tu ausencia. He sido engullido por las sombras y por los días nonatos, que no amanecen, que temerosamente se burlan de mí agazapados en algún lugar del otero. Mi lamento es el de los dioses menores, dioses muertos, castigados con tu indiferencia punitiva, en tu mirada de hielo gris que congela el tiempo, que desgarra a jirones el recuerdo de los años felices. Y siento en el estómago la eclosión de los huevos de serpiente que tú desovaste al calor de la vergüenza ajena. Y sufro los tábanos negros que devoran el entendimiento y que, anidados en tus besos, revolotean hoy como hijos del deseo oscuro.

Amamantarás mi ira con tus pechos secos, pálidos ya de sustancia, y tus besos serán huérfanos de labios que compitan con los míos. Morirán contigo las luces del pasado para que se asienten, sobre tu cuerpo, las delicias de la tiniebla urbana, y tu vientre, ahora macerado, sufra el castigo de vientos hostiles. Aunque antes parirás, lo sé, bastardos sin cabeza, sin nombre, sin cuna para apropiarse, sin sangre que honre la tuya; sólo veneno en sus venas.

Y preguntarás por qué te odio, por qué cebo mis palabras con tanto rencor antiguo, con tanta desesperación caduca, florecida en hongos negros sin esporas; para ti, mis palabras se agudizan por cortar el aire que respiras. Te odio porque no te odio, porque de tanto odiarte te he olvidado, y en el olvido he dejado de odiar.


Jardines opiáceos

Raquel, doncella de sueños góticos, ninfa escurridiza de jardines opiáceos en la gran ciudad, carámbano femenil desde el tiempo amarillo, de ti sólo queda una sonrisa nostálgica tatuada en mi corazón.
Raquel, símbolo de pasión inflamable, ¿por qué mis manos no te olvidan y aún sienten tu cuerpo como un gozoso apéndice extirpado de mi alma? Es medianoche, hora de las sombras, del recogimiento y de la soledad (terrible enfermedad que devora y confunde mis pensamientos); el silencio reina, pero no gobierna; las palabras son mudas, apenas esbozadas por tus labios; tus labios, ya libres, buscan sendero hacia los míos; la mirada triste, espejo del recuerdo; las palabras ya no sirven, están obsoletas; mis manos, tus manos, tus labios, mi piel; un sueño, nada más que un sueño, una aventura apenas concebida a pie de página, con chorros de tinta roja que manan de fuentes estilográficas. Silencio. La travesía hasta tu sexo truncada por un manotazo invisible (tara del entendimiento). Te acaricio, y acaricio mil cuerpos femeninos, ondulantes, casi vivos. Es entonces cuando tu tacto es eléctrico, de seda conductora, que comparte con la humedad los beneficios del alumbramiento.


Costumbre animal

Morderse las uñas es un vicio detestable, un falso aseo, una costumbre animal. La mano busca la boca y el incisivo corta el tocino de la piedra, mutila el dedo antes que sea garra. No importa que coma la suciedad del día, que los microbios se ensaliven o que me lleve un pedazo de la uña buena, la que no es tocino: siempre tendré las manos bonitas porque nunca dejaré que sean garras. Después muerdo los pellejos que resistieron la dentellada, castigo la piel que empezó a aceptar el nacimiento de la garra, la escupo con la saliva y los microbios y esta suciedad del día que aún no me ha quedado entre los dientes.
Morderse las uñas es un vicio detestable, un falso aseo, una costumbre animal, me decían. En el colegio, la profesora me ataba las manos al pupitre para que no encontraran la boca, pero yo mordía al aire para morder las uñas de los demás, porque temía que sus apetitosas piedras atocinadas se curvaran en garra, que no tuvieran las manos bonitas, que reventaran el dedo en donde estaban engastadas.
Morderse las uñas es un vicio detestable, un falso aseo, una costumbre animal, me repetían, aunque sintiera la garra crecer, y el dedo deformarse, y mis manos ya no las viera bonitas, nido de microbios, suciedad de días y días, suciedad de mi vida entera, esa suciedad que se hace tocino y luego piedra, piel, pellejo que no muerdo, encía, diente en el dedo.

[Publicado en la revista “La bahía de los cocos”, número 15 de abril de 2005, bajo el seudónimo de “Carlos Wieder”]

A MODO DE BIO-GRAFÍA

Nací en Valencia, en 1978, aunque he pasado la mayor parte de mi vida en Requena. Desde muy temprana edad he sentido predilección por las letras, aunque si tuviera que citar mi primer contacto con la poesía, creo que sería a través de los vinilos de Serrat, sobre todo “Mis poetas”, que mi padre escuchaba cada domingo. Sin saberlo, oí los versos de Miguel Hernández, Antonio Machado, León Felipe o Rafael Alberti antes de que pudiera leerlos: de ahí que siempre haya asociado música y poesía o que el poema se hace en la recitación y no en la escritura o en la lectura silenciosa. También le debo a mi padre que me enseñara a escuchar estas canciones, a desgranar el significado de cada palabra y a verlas en su conjunto para que todo tuviera sentido.
De mi madre heredé el gusto por la lectura de obras narrativas, el placer de que me contasen historias, y la consideración del libro como un bien precioso, más allá de su valor literario. Aprendí a vivir entre libros, casi siempre los mismos, a verlos, tocarlos, abrir sus tapas, el olor del papel, el tacto de la palabra impresa, la caricia de marcapáginas que te acerca al capítulo siguiente. Aprendí a usar el libro, pero también cómo deberían usarlo otros y quiénes eran sus usuarios habituales sin necesidad de verlos leer o hablar con ellos sobre literatura.
“El colegio poco me enseñó”, decía Fito en una de sus letras, hecho que lo podría haber delatado como mi compañero de pupitre. “Poco” significa lecturas obligatorias (secuencializadas, adaptadas, falseadas), lecturas para niños, “Barco de Vapor” y la firma de Antonio Machado dibujada por primera vez en la pizarra. Aquellos versos ya no eran de Serrat, sino de un hombre que llevaba demasiados años muerto, ni mi padre era el único que conocía el significado de aquellas palabras, sino que había un interpretador a sueldo que también las conocía, un extraño que también participaba del secreto y que, además, debía revelárselo a otros, no sólo a mí. La poesía fue perdiendo su aliciente de misterio hasta que degeneró en deber escolar.
Durante la educación secundaria prácticamente dejé de leer. La asignatura de Literatura era un largo inventario de muertos y de hechos olvidados que no significaban nada para mí, porque sentía que, de alguna forma, no me pertenecían ni me ayudaban a comprender mejor el mundo en que vivía. La poesía ya no era un deber escolar, sino una víctima esporádica de esta maraña de nombres.
No fue hasta el final de esa etapa cuando descubrí que tenía cierta habilidad para escribir, aunque fuera de oído, pues aquellos textos sonaban bien cuando los leía en voz alta. En ellos no sólo había ecos de Literatura, sino también de letras de canciones (en especial de Extremoduro y Héroes del Silencio), de películas, series televisivas y momentos vividos. Me influían, creía yo, porque aún no tenía suficiente bagaje literario; pero más tarde, comprendí que era un primer acercamiento a la ruptura con los convencionalismos poéticos (temáticos y de género). De hecho, esta ruptura pasaba por ser del todo necesaria si quería que la poesía recobrase su significado y que se dejara tomar con mi propia voz (una voz nueva, recién estrenada, aunque sonara, por momentos, como la de algún muerto), pues sólo con ella podría explicar un mundo que no sabía someterse a corsés estéticos.
Cuando ingresé en la Facultad de Filología no sólo escribía de manera habitual, sino que había recuperado el gusto por la lectura. Bien es cierto que regresé al hábito como lector que escribe y no como lector ocioso ni diletante, en busca de palabras nuevas, argumentos, vidas que incorporar a mis escritos. Eran lecturas desordenadas, sin una lógica interna que las rigiese como proyecto, tan sólo la disponibilidad del libro en ese momento; de esta forma leí las obras de Orwell, Julio Llamazares, Nietzsche o Jorge Edwards, entre otros. No fue hasta el segundo cuatrimestre de aquel primer curso cuando experimenté una nueva forma de leer, condicionada por las asignaturas de Literatura, que se solapaba con la antigua, hasta colapsarla en los últimos años de carrera. Esta obligación de leer muchos libros en poco tiempo, sujeta a calificación por un examen de lectura o un trabajo de investigación, me enseñó a hacerlo como filólogo. Aprendí que el principio rector de este tipo de lectura es que no hay ningún elemento en la obra literaria por capricho, ni personajes innecesarios ni palabras azarosas; todo responde a una finalidad, ya sea la expresión de una idea o la manifestación de una determinada estética. Por tanto, el trabajo del filólogo es interpretar la función que realiza ese elemento en el plan maestro de la obra literaria. En otras palabras, el filólogo debe volver sobre los pasos del escritor, reconstruir el proceso de escritura desde el texto acabado hasta identificar la idea de la que partió. Este punto de inflexión, donde lectura y escritura convergen, supuso el afianzamiento de mi vocación de escritor, lector y filólogo, además de determinar mi futuro profesional.
Sin embargo, la formación universitaria habría sido del todo insuficiente si desde un principio no hubiera entablado amistad con Pini, Sergio, Pablo, Jorge, Esteban, Raúl o Cristina, mis compañeros de Laura y el perro de Ábalos. Antes de que constituyéramos el grupo ya sabíamos de los textos que escribía el otro, hablábamos de libros y autores que no se incluían en los contenidos de la carrera y los recomendábamos entre nosotros. Fue el comienzo de un aprendizaje literario autónomo y paralelo al que se desarrollaba en las aulas, marcado por la libertad de criterio y la cooperación desinteresada. Aunque se engendrara en las entrañas de la misma universidad, jamás dependió de ella económica o académicamente hablando, ni siquiera cuando formamos el grupo poétiko, hecho que me hace sentir orgulloso de esta experiencia. Lo habitual era mendigar una subvención al vicedecano, siempre con la excusa de una publicación, o la inclusión en un taller literario homologado como asignatura de la Facultad. El espíritu crítico, bohemio, a veces canalla, de este grupo de amigos no se vendió nunca por dinero ni por créditos, ni tan siquiera agachó la cabeza ante el paso de los catedráticos. El servilismo que practicaban otros era incompatible con nuestra idea de la poesía y de la literatura.
La formación de Laura y el perro de Ábalos fue el paso siguiente. Aunque todos la recordamos como un hecho espontáneo, casi accidental, con los años he llegado a comprender que fue inevitable. Las circunstancias que he comentado antes me avalan: todos nos conocíamos desde un principio, por tanto sabíamos que los demás leían y escribían con más o menos asiduidad, además de la adquisición de una formación académica semejante, que siempre servía como aglutinante, y todo esto sin contar con los dos grandes lugares comunes: Mislata y el bar de la Facultad de Filología. Cabe objetar que Cristina y Esteban cursaron estudios diferentes, pero también es cierto que durante años asistieron junto con Pini al taller de poesía que coordinaba Pere Bessó en Mislata, y cuya influencia tanto se dejó sentir en el grupo. Yo mismo la acusé a través del descubrimiento de los poetas malditos, desde Baudelaire hasta L. M. Panero, por citar un ejemplo, que oscurecieron aún más mis producciones. Por tanto, también fuimos hijos naturales de la poesía de Pere Bessó, aunque a él no le agrade la idea. Pero ésta no fue la única deuda que tuvimos con Mislata; también fue la población en la que celebramos gran parte de los recitales, incluido el primero, cuando todavía no teníamos nombre. Fue en el IES La Morería (véase el apartado de “Maldiciones”), que nos brindó la oportunidad de actuar en su semana cultural y de repetirla, de manera más antipedagógica si cabe, en el Día de la Mujer Trabajadora. Me ahorraré los detalles de estas intervenciones para citar otros lugares de la misma localidad que nos acogieron, como el centro social “La Chicharra”, las dos bibliotecas municipales, la Casa Sendra o el IES nº4, donde recitamos por última vez. El resto se celebraron, mayoritariamente, en la Universidad de Valencia, sobre todo en las facultades de Filosofía (gracias a Esteban), Filología (gracias a Jorge) y Psicología; también fueron objeto de nuestras actuaciones la Universidad Politécnica de Valencia (Facultad de Bellas Artes) y la Universidad de Alicante (a través de la Asociación Dánae-Alacant).
Los veintitantos recitales me convencieron no sólo de que la poesía se hace en la recitación, sino de la necesidad de un espacio versátil en el que pudiéramos dar a conocer nuestros textos sin forzar la voz. La respuesta fue la creación de una página web, sugerida por Cristina Muñoz, entonces vinculada al grupo, pero sin ser parte integrante. Una vez estuvimos todos de acuerdo con este proyecto, diseñamos los apartados fundamentales, en principio, a imagen de una revista electrónica, y designamos a un gestor. El primero fue Pablo, pero renunció al poco tiempo en favor de Jorge, que se responsabilizó de ella hasta la disolución definitiva de Laura y el perro de Ábalos. El contenido de la web no se limitaba a nuestros textos de creación, sino también a aquellos que expresaban ideas relacionadas con la literatura, como editoriales, artículos de opinión, trabajos de investigación realizados en la Facultad, noticias culturales, reseñas sobre libros, listados de libros recomendados (o no recomendados), colaboraciones externas al grupo... Eso sí, entregados con la mayor irregularidad posible. También se rendía cuenta a los autores consagrados cuyos poemas utilizábamos para nuestros recitales, normalmente, en forma de dossier que aunara vida, obra y textos más representativos, siempre bajo el epígrafe de “Autor del mes”. De esta tarea se encargaba Jorge, tras previa consulta al grupo, en la mayoría de los casos. También fotografiaba o filmaba gran parte de los últimos recitales para, más tarde, colgar las imágenes en la página web. Otras veces era su hermana, Rebeca Tomillo, quien sostenía la cámara; aunque si en algo le estamos profundamente agradecidos es en el diseño del logotipo (sí, el que has visto en la portada, lector) y en la confección de muchos de los carteles que promocionaban nuestras actuaciones.
El tercer proyecto que caracterizó a Laura y el perro de Ábalos, además de los recitales y la página web, fue la grabación de algunos de nuestros poemas en compact disc. Las voces de Sergio, Esteban, Raúl, Pini, Cristina, Jorge y la mía propia quedaron atrapadas como audiolibro gracias a la paciencia de Bernat Martí y a su buen hacer en limpiarlas de respiraciones y suspiros involuntarios. El resultado fue más que digno, sobre todo si tenemos en cuenta que éramos los únicos responsables de su edición, financiación y venta. De hecho, fue una propuesta de Jorge como medio para recabar fondos para el grupo, ya que la publicación de un libro resultaba más costosa. La acogida fue excelente entre nuestros amigos, familiares y demás incondicionales, pero no sabemos todavía cómo reaccionaron aquellos que compraron el disco sin conocernos muy bien y que cometieron la imprudencia de escuchar la pista oculta que incluimos...
En resumen, Laura y el perro de Ábalos apostó por la provocación y el arte en libertad, sin pretensión alguna, para implicarse después en proyectos más elaborados que le restaban espontaneidad y cierta dosis de rebeldía.
A partir del último año de carrera y hasta el final definitivo del grupo poétiko, peregriné por distintos talleres literarios de cuento y poesía. En un principio me impulsaba el deseo de conocer otras maneras de entender la literatura y no el de aprender contenidos nuevos; más tarde, tras licenciarme y comenzar a estudiar oposiciones, también me sirvió para recuperar el lado más ocioso de la poesía y llenar el vacío que sentía como estudiante sin aula. Es cierto que todavía formaba parte de Laura y el perro de Ábalos, pero mi militancia se me antojaba cada vez más una obligación y menos una afición. De hecho, fui perdiendo el gusto por los recitales, aunque intentara paliarlo con la propuesta de tertulias literarias y demás proyectos fracasados. El mayor inconveniente era que seguía leyendo y escribiendo, sobre todo prosa narrativa, a pesar de que no encontrara un motivo nuevo ni definitivo. Estos talleres literarios se convirtieron en una solución transitoria, que en ocasiones me daban la oportunidad de publicación, pero no una perspectiva de futuro. El único, y más importante, que funcionaba al margen de esta dinámica, era el taller de poesía de la U.P.V., coordinado durante cada curso por Elena Escribano. Allí no sólo encontré un enfoque distinto, sino que descubrí el rostro más humano de la poesía: era el del poeta novel que asistía regularmente y no el del poeta consagrado que invitaban cada trimestre. A este último no le temblaba el pulso cuando sostenía el papel, ni se le enredaba en la lengua ningún verso, ni sabía más de él de lo que querían decirme sus libros. Yo me sentía más identificado con los que no hallaban la palabra perfecta, pero cuyos textos hablaban de sentimientos cotidianos.
En la actualidad doy clase de Lengua Castellana y Literatura en el IES de Turís. Mi trabajo es procurar que adolescentes de catorce a dieciséis años lean y escriban con cierta corrección, soltura y orden. Sé que es una tarea complicada, tanto para ellos como para mí, pues el oficio de profesor puede parecer cómodo, pero en ningún caso sencillo. Día tras día me esfuerzo para que sientan los poemas de Antonio Machado cada vez más vivos o comprendan en qué les afecta hoy que Alfonso X fijase el uso de algunas letras a mediados del S. XIII. No sé si logro realmente estos objetivos, y a veces creo que no comprenden por qué me gusta tanto la literatura. Intento contagiarles este sentimiento de palabra, a través de lecturas voluntarias, el debate sobre los textos y las actividades de taller literario o de creación, porque así fue como llegué a encontrarle sentido a esta asignatura y a interesarme por la lectura y la escritura. Este texto también participa de esa voluntad, y espero que algún día caiga en manos de alguno de ellos, o de futuros alumnos, para que lleguen a gustarles tanto la poesía que, un buen día, por sí mismos, suban a un escenario con la intención de recitar un poema que explique el mundo que ellos viven. A todos ellos, van dedicadas estas palabras.
No quisiera despedirme sin antes comentar los textos que he incluido en este librito, aunque hoy los lea como si fueran de otro, pues los deseos y las fobias que los inspiraron caducaron hace mucho tiempo. Soy consciente de que la sensación que pueden causar al lector es de pesimismo, oscuridad y exceso retórico, sin citar algunos fallos de estilo, que he intentado corregir ahora en la medida de lo posible. También puedo comprender la sorpresa de encontrar en una publicación poética textos en prosa, fruto de la ruptura de géneros que explicaba antes, pues creo que la poesía reside primero en la intención y después en las figuras retóricas, especialmente en la metáfora. La métrica, en cambio, no hace al poema, aunque le aporte musicalidad; en cuanto al ritmo, la mejor manera de regularlo es a través de la puntuación, la sintaxis y el uso de conectores, oracionales o textuales, para que no desautoricen la escritura en prosa. Sobre los temas y estructura temática, reconozco que predominan el amoroso y el social o filosófico, apoyado, a veces, en la imaginería religiosa, las palabras de otros escritores y las referencias a canciones y a películas, como en el caso de “H. J. Wassermann”, inspirado por la película “La máquina del tiempo”, de 1960, y la figura del novelista que le da título al texto. Estos temas los estructuraba según los procedimientos de paralelismo y contraste, siempre en forma de gradación, para conducir al lector hacia un final climático o de máxima emoción.
Además, he intentado ordenarlos partiendo del más antiguo, “Recuerdos del líquido”, escrito en 1998, pero publicado en 2003, hasta el más reciente, “Costumbre animal”, ya de 2005. Dado que durante un tiempo tuve la tendencia a escribir breve, a imitación de Antonio Gamoneda, he decidido agrupar estos microtextos en un sólo, según criterios temáticos y cronológicos, bajo el título de “Sed de ti”.
Muchos van a ser los que quedarán inéditos, y es justo que así sea, porque su calidad, tema o fecha de escritura en nada se ajustan a lo que fue Laura y el perro de Ábalos. Duerman, pues, el sueño de los justos hasta que una nueva ocasión los requiera.

Del lector tan sólo me queda despedirme, y desearle una lectura sin prejuicios como única forma de disfrutar de estos textos.



Héctor Monteagudo Ballesteros,
en Valencia, a 16 de abril de 2007

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