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domingo, 31 de diciembre de 2017

¿Cómo gestionar un blog para crear un diario personal de lectura?


Este artículo es el segundo que envié a las editoras de la revista de estudios en lectura y escritura Lecte que, a día de hoy, no ha iniciado su andadura. Sus editoras son tres compañeras de una universidad de Santiago de Chile.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Multiliteracidad y lectura digital en la alfabetización mediática

Imagen tomada del Museo del Louvre.
Este artículo es el primero que envié a las editoras de la revista de estudios en lectura y escritura Lecte que, a día de hoy, no ha iniciado su andadura. Sus editoras son tres compañeras de una universidad de Santiago de Chile.

lunes, 27 de julio de 2015

Iqbal Masih, según Miguel Griot

Iqbal Masih. Lágrimas, sorpresas y coraje es una novela comprometida, impactante y asequible a un amplio número de lectores.
La historia real de Iqbal Masih, desde su venta como niño esclavo a una fábrica de alfombras de Lahore (Pakistán), para que su familia pudiera pagar la boda de su hermano; su liberación gracias al BMM (Frente de los trabajadores de ladrillos, fundado por Ehsan Khan) y el malogrado final que tuvo en 1995, por su ferviente activismo en contra de la explotación infantil, en todo el mundo, inspira tanto el argumento como los temas y valores que transmite el libro.
A pesar de lo que pudiera desprenderse del subtítulo, de otras obras similares y de la dureza de la historia de su protagonista, el tratamiento por el que opta Miguel Griot huye del tremendismo, de la lágrima fácil, de un intimismo confesional que pudiera empañar su verdadero propósito, la denuncia de la esclavitud infantil en los países pobres mediante una nueva reivindicación del ejemplo de Iqbal Masih. Para ello, se sirve del enfoque documental y de las voces de todos aquellos que conocieron al protagonista, que relatan sus recuerdos, sus vivencias compartidas, en breves intervenciones que, en el caso de los personajes más relevantes, vuelven a tomar la palabra para asegurar un esquema lineal de la trama. Esta polifonía no acoge, hasta el final, el discurso directo de Iqbal, sino que traza su retrato como el negativo de una fotografía, como el molde en escayola que permitiría crear varias copias de su figura. Las opiniones de los personajes secundarios, muchas derivadas de anécdotas, sobre todo antes de la fábrica y durante su etapa de activismo mundial, objetivo predilecto de los medios de comunicación de entonces, le restan gravedad y dramatismo al tema para devolver la condición de niño, la más humana de todas, a quien la había perdido a manos de la ignorancia, la codicia y la crueldad.
El estilo, por su parte, no es ampuloso ni retórico para no perjudicar la transmisión del mensaje ni excluir, por tanto, a muchos lectores. Busca la sencillez, la claridad y la concisión, pero sin escatimar en referencias bien documentadas sobre la vida en Pakistán o las costumbres de los países a los que viaja. También es cierto que se observa alguna licencia, como ciertos modismos y expresiones coloquiales que se filtran en las conversaciones entre los personajes infantiles y juveniles que campan a lo largo de la novela, que tienen como finalidad que los lectores adolescentes se identifiquen emocionalmente con ellos y se sientan cercanos a la historia. Este rasgo de estilo, junto con la brevedad de los capítulos, la harían apta no ya para alumnos de 15 años, sino para algunos aficionados a la lectura de primer ciclo de Secundaria, que no hallarán en la multiplicidad de voces un obstáculo, sino un estímulo, un reto que hace más interesante una historia que traspasa los límites de su mundo cotidiano.
Iqbal Masih es más que una novela con un tratamiento sorprendente; más que un homenaje sentido a la trágica historia de un activista precoz en defensa del derecho a la infancia y en contra de este capitalismo feroz que esclaviza a los hijos de los pobres para que viejos ricos hagan negocio; es un canto a la vida, al dolor, a la amistad, a la justicia, a la solidaridad, a la necesidad de cambiar el mundo y a la dificultad de conseguirlo, que encarnó un niño de Lahore, un pobre tejedor de alfombras, llamado Iqbal Masih.

martes, 28 de diciembre de 2010

Dodecálogo de derechos del lector de libros digitales


En plena resaca de la votación parlamentaria a la llamada "Ley Sinde", y para atizar las brasas del debate sobre la sustitución de las publicaciones en papel por las de formato electrónico, cito este "Dodecálogo de derechos del lector de libros digitales" que he encontrado en el artículo "Derechos de los lectores de libros digitales", escrito por Javier Celaya y José Antonio Vázquez en dosdoce.com. Lo he acompañado de los "Derechos adquiridos que no debemos ceder", perteneciente al mismo artículo, porque aclara algunos puntos del dodecálogo y aporta otra perspectiva para debatir este asunto.


"A raíz de todos estos argumentos y siguiendo iniciativas similares en los Estados Unidos en relación con este tema, como las de Peter Brantley, director de contenidos del Internet Archive, o las recomendaciones de la mencionada Electronic Frontier Foundation proponemos el siguiente dodecálogo para proteger los derechos del lector de libros digitales.

Dodecálogo de derechos del lector de libros digitales
  1. Las plataformas de acceso y venta de eBooks no deben comerciar con el historial de compra de los lectores sin su consentimiento previo.
  2. Aquellas plataformas que quieran reutilizar con fines comerciales el historial de compra de los lectores para mejorar sus sistemas de recomendación de libros o generar ingresos publicitarios relacionados con las compras realizadas deberán comunicar previamente a los lectores qué tipo de información guardan en sus plataformas, por cuánto tiempo y para qué fines comerciales.
  3. El lector de libros digitales podrá acceder a esta información personal en cualquier momento y borrar su historial en caso de considerarlo oportuno.
  4. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberán garantizar que los eBooks adquiridos son propiedad de aquellas personas que los han comprado. Tras la polémica decisión de Amazon de entrar en la cuenta de sus usuarios y eliminar los ejemplares digitales vendidos del libro de George Orwell 1984 por discrepancias con su proveedor, se justifica que exijamos que las plataformas de comercialización de eBooks se comprometan a respetar nuestros derechos como consumidores. Ninguna plataforma o librería virtual debería ser capaz de eliminar de mi cuenta un libro ya adquirido o limitar el acceso al mismo sin mi consentimiento expreso.
  5. En caso de alquiler, pago por lectura o subscripción de cualquier contenido digital, el usuario debería tener una opción a compra perpetua.
  6. Al igual que en el mundo analógico podemos prestar un libro comprado a un amigo, en el mundo digital deberíamos preservar el derecho a realizar préstamos de libros en cualquier formato y sin coste adicional.
  7. Se nos debe garantizar la posibilidad de leer cualquier libro de nuestra biblioteca en la nube o plataforma en cualquier dispositivo, sin restricciones ni limitaciones por sistemas, derechos, fronteras, etc., y siempre de una forma amable y legible.
  8. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberían permitir que las personas que deseen hacer sus compras en un entorno plenamente privado puedan hacerlo sin que sus datos de compra sean almacenados en ningún momento ni comercializados a terceros.
  9. Los compradores de libros digitales podrán eliminar su historial de compra o alquiler, así como destruir los propios libros adquiridos, en cualquier momento y de forma definitiva sin dejar rastro alguno de su previa existencia en ninguna memoria virtual.
  10. Los lectores podrán regalar o revender cualquier libro adquirido que ya no se quiera mantener en su biblioteca digital.
  11. Los lectores podrán subrayar, marcar y hacer anotaciones de forma anónima en sus libros adquiridos. Aquellos lectores que quieran compartir con otros lectores sus anotaciones personales deberán poder hacerlo, pero si en cualquier momento cambian de opinión también podrán retirar las aportaciones prestadas.
  12. Al igual que podemos mantener nuestro número de teléfono móvil si nos cambiamos de operador, las plataformas deberán garantizar la portabilidad de los datos de los usuarios. Si por cualquier motivo un lector abandona una plataforma deberá poder transportar los libros adquiridos, notas e historial de compra a la nueva plataforma de forma fácil y eficiente".

Derechos adquiridos que no debemos ceder
"En el mundo analógico -por así decir-, como compradores de libros en papel queda establecida una serie de normas cuya importancia y necesidad social no habíamos posiblemente valorado hasta la aparición de los libros digitales, y que no debemos ceder con la llegada de nuevas formas de acceso a los libros, la información y el conocimiento:
  • Cuando compramos un libro en una librería nos convertimos en los dueños de ese producto.
  • Nuestros datos de compra no pueden ser reutilizados sin nuestro permiso.
  • Nuestro historial de compra no puede ser vendido para fines comerciales (publicidad, etc.).
  • Nuestras afinidades lectoras no pueden ser divulgadas a terceros.
  • Podemos realizar compras de libros totalmente anónimas pagando en metálico y sin dejar rastro personal alguno de dicha compra.
  • Podemos prestar nuestro libro a un familiar, amigo o compañero del trabajo.
  • Nuestras notas y apuntes son personales y visibles hasta cuando queramos para quien queramos.

Todos estos derechos de los lectores, que nos son tan habituales con cada compra y uso de un libro en papel, deberían garantizarse en el nuevo entorno digital".

sábado, 6 de noviembre de 2010

La nueva ortografía de la RAE

Entre los enlaces que muestran algunos de mis contactos de Facebook, me ha llamado la atención este artículo de El País sobre la nueva ortografía que publicará la RAE antes de que termine el año. Por lo que sé, esta edición tendrá unas setecientas páginas, en las que se tratarán algunos de los temas candentes que se olvidaron, o tan solo se esbozaron, en la de 1999. Al igual que ocurrió con la Nueva Gramática, también se editará una versión reducida, probablemente destinada al ámbito escolar, y otra aún más breve que solo recogerá los puntos esenciales, de manera esquemática,
Respecto a las decisiones que ha tomado la Real Academia y que se citan en el texto que tenéis a continuación, me interesaría conocer vuestra opinión. Por mi parte, no sé si podré acostumbrarme a escribir "guion", el adverbio "solo" sin tilde o hablar de la letra "ye" sin que se me escape "i griega".

La "i griega" se llamará "ye"

 

La nueva Ortografía de la Real Academia Española fija la denominación de algunas letras, cambia "quorum" por "cuórum" y elimina las tildes de "solo", "guion" y "o" entre números

 

La i griega será ye, la b será be (y no be alta o be larga); la ch y la ll dejan de ser letras del alfabeto; se elimina la tilde en solo y los demostrativos (este, esta...) y en la o entre números (5 o 6) y quorum será cuórum, mientras que Qatar será Catar.
La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española, que se publicará antes de Navidad, trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, "razonada y exhaustiva pero simple y legible". Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, "en absoluto" revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra "reforma".
Con todo, al director del Departamento de Español al Día de la RAE no se le escapa que los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la asociación que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (la Rioja) aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias, estas son algunas de las "innovaciones puntuales" aprobadas esta semana y destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.
La i griega será ye. Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía propone un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.
Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras del alfabeto, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras". Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime "formalmente". Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27.
Solo café solo, sin tilde. Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica (la que modifica una letra como también la modifica, por ejemplo, la diéresis: llegue, antigüedad). Esos dos usos son: 1) el que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). 2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).
"Como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré solo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, se acuerda que se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad", esto dice la comisión de la nueva Ortografía, que, eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde en caso de ambigüedad. Café para todos. No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos.
Guion, también sin tilde. Hasta ahora, la RAE consideraba "monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras". Sin embargo, permitía "la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié... La nueva Ortografía considera que en estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y "condena" cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, "escribir guión será una falta de ortografía".
4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: "era la única palabra átona que podía llevar tilde". Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado "el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor".
Catar y no Qatar. Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. "En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior: "Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (quorum, en cursiva y sin tilde)". Aunque esta regla no sirve para los nombres propios, que se siguen escribiendo en redonda, del mismo modo que hay quien prefiere escribir New York a Nueva York.

martes, 12 de octubre de 2010

Decálogo de competencias TIC para docentes

Ayer leí en Educación tecnológica, el blog de Celestino Arteta, un decálogo sobre las competencias digitales que debería dominar el profesorado del S. XXI. La selección de los puntos de este decálogo es acertada, aunque mezcle competencias de distinto grado de dificultad y no especifique en cada uno qué herramientas digitales serán necesarias para realizar esa tarea, ya que puede influir en el manejo, proceso y producto final que se pretende, como ocurre con la creación de wikis o la edición de imágenes, vídeos o sonido. En cualquier caso, advertimos que el criterio de selección es el del uso frecuente en la aplicación de las Nuevas Tecnologías en el aula, inspirado, seguramente, más en la experimentación personal de naturaleza autodidacta que en la formación academicista que se puede adquirir en algunos cursos destinados al profesorado: 

"En el blog TecLaw encuentro este decálogo de competencias que todo profesor del siglo XXI debiera tener:

Los docentes tendrían que ser capaces de…

1. Suscribirse a un servicio RSS para sindicar los contenidos interesantes de las páginas web que visiten
2. Gestionar correctamente los marcadores y etiquetas de las páginas web
3. Crear y usar un blog
4. Crear y usar una wiki
5. Crear hipervínculos (en correos electrónicos, blogs, webs y wikis)
6. Crear archivos PDF con herramientas gratuitas
7. Capturar, mezclar y subir fotos a la red (libres de restricciones de copyright)
8. Capturar, mezclar y subir audio/vídeo a la red
9. Usar Google Docs u otra herramienta colaborativa
10. Participar en redes sociales educativas

Me parece que es un decálogo ambicioso, pero al que el profesorado debe ir acercándose poquito a poco."

La conclusión de Celestino Arteta, en la última línea del post, también es crítica con el decálogo. Reconoce que es ambicioso para aquellos compañeros que no han sentido todavía la curiosidad o la fascinación que han despertado en nosotros las Nuevas Tecnologías, ya que, sólo para su aprendizaje, se requiere voluntad, paciencia, imaginación y tiempo libre. Además, el camino hacia el uso y aprendizaje de las TIC está salpicado de obstáculos, que lo convierten en todo un reto para los menos avezados, ya que van desde el desembolso económico para adquirir un equipo informático decente para trabajar en casa hasta las dificultades técnicas que se pueden encontrar en todos los centros educativos, ya sean de hardware, software o de conexión a internet. Sin embargo, todos los inconvenientes y sacrificios se quedan pequeños ante la aplicación exitosa en el aula. Es entonces cuando nos invade esa sensación de bienestar, de trabajo bien hecho, que, tal vez, no se hubiera logrado por medios tradicionales.

viernes, 24 de julio de 2009

Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en el Segundo Trimestre de 2009

La FEDERACIÓN DE GREMIOS DE EDITORES DE ESPAÑA (FGEE) viene publicando, con periodicidad trimestral, un informe sobre los hábitos de lectura y compra de libros de la población española. Este documento no sólo ofrece un porcentaje global de lectores, sino también la frecuencia con que leen o compran libros, según su pertenencia a una determinada franja de edad, y sexo, localización geográfica por hábitat y gustos literarios especificados en géneros, autores y títulos concretos. La principal fuente de recogida de datos es la entrevista aleatoria sobre un muestreo significativo de individuos, aunque también recurra a informaciones de carácter económico, como la incidencia en el PIB de esta industria.
Su utilidad, no obstante, traspasa los límites de lo comercial, pues sirve de referencia a todos los profesionales que se dedican al fomento de la lectura.

El último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros se hizo público sobre el 20 de julio de este año; dado que su extensión sobrepasa la de una entrada convencional, nos limitaremos a reproducir las conclusiones que presiden el documento para que sirvan de punto de partida para la reflexión y el debate:

  • La tasa de lectores entre la población española es de un 54,7%, y de ellos, un 41,1% afirma leer libros diaria o semanalmente.
  • Sólo un 51,0% de la población mayor de 14 años entrevistada adquirió algún libro en los últimos doce meses.
  • Las mujeres se mantienen como más lectoras que los hombres, en todos los tramos de edad, salvo en los mayores de 65 años y en todos los niveles de estudio.
  • La media de horas semanales dedicadas a la lectura es de 6,2 y el número medio de libros leídos en el último año es de 8,9.
  • Las librerías siguen siendo el principal lugar de compra de libros.
  • El porcentaje de lectores que acudió a bibliotecas fue del 28%.
  • El niño con el pijama de rayas es el libro más leído y Ken Follet el autor más leído.
  • La trilogía de Stieg Larsson son los libros y el autor más comprados.
Estas conclusiones y los datos que las respaldan están sujetas a un margen de error y son de naturaleza meramente orientativa, por lo que se recomienda, en el caso de que se necesite una perspectiva más amplia, comparar esta información con Barómetros anteriores o posteriores, e incluso con otras fuentes.

martes, 5 de mayo de 2009

Sobre "La puerta de servicio" de Elvira Lindo

Desde que terminé el Diploma de "Cultura, lectura i literatura per a infants i joves" de la U.V., recibo, como el resto de mis compañeros de entonces, varios correos diarios de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Por lo general, estos e-mails tratan de cursos que se celebran en Salamanca, algunos semipresenciales, sobre todo de TIC, información sobre la concesión de premios literarios, días señalados o novedades editoriales de LIJ, a través de sus ya famosos catálogos. Pero, de vez en cuando, su contenido sólo tiene el mero propósito de alimentar nuestra curiosidad sobre asuntos menos formales.
Tal es el caso del mensaje que acabo de abrir, en el que, tras una escueta recomendación, cita el enlace URL de la edición digital "El País", del 3 de mayo, hacia el artículo de opinión "La puerta de servicio", de Elvira Lindo. A partir de la noticia del cierre del suplemento Pequeño País, nuestra escritora echa la vista atrás, pues recuerda que fue allí por donde llegó a trabajar en este periódico, para adentrarse, poco tiempo después, en la escritura literaria con Manolito Gafotas. En otras palabras, sus comienzos fueron por la "puerta de atrás" del periodismo y de la literatura, por lo que sentía cierto reparo, de "humildad" lo califica, a la hora de confesarlo públicamente, sobre todo a otros colegas escritores. Por otro lado, también sentía un orgullo natural, ya que su vocación se forjó en su pasado lector de novelas juveniles, como Mujercitas, Guillermo Brown o los libros de Enid Blyton. Este recuerdo, algo más lejano, le sirve, en primer lugar, para criticar la lista de títulos que elaboró su periódico hace un tiempo, mediante la pregunta a varios escritores consagrados sobre los diez libros que habían sido "esenciales" en sus vidas. A pesar de que se lo atribuye a Babelia, cuando en realidad fue publicada por la revista "El País Semanal", del 10 de agosto de 2008, con la portada de "Cien escritores en español eligen los 100 libros que cambiaron sus vidas", algunas de sus observaciones son válidas, en especial, la de la casi total ausencia de LIJ. Comparto la suposición de Elvira Lindo de que la mayoría de los entrevistados mintieron acerca de sus gustos literarios para salvaguardar su prestigio, pues resulta inimaginable que ningún niño entienda a Proust o a Joyce, como bien argumenta, y que le marque de por vida. Sin embargo, también creo que no todos los libros esenciales para un lector se localizan en ese periodo, ni tienen la obligación de responder a ese requisito sentimental de "ir de los ojos al corazón, de los ojos a la risa, de los ojos al miedo", como lo define esta autora. Es posible que algunos fueran seleccionados por su calidad, estilo o tratamiento de un tema específico, condiciones necesarias para suscitar el placer intelectual en el lector adulto. La segunda utilidad de esa evocación del pasado lector es la alabanza hiperbólica del Pequeño País, que Elvira Linda desea perpetuar en la memoria de su hijo, tal y como le ocurrió a ella con la Literatura Juvenil, por medio de la emoción con que se asocian ciertas imágenes de la infancia.
Sobre este artículo pueden extraerse varias lecturas. La primera es que la LIJ se sigue considerando un género menor, incluso por los propios autores, que vadean ese sentimiento de inferioridad gracias al éxito de ventas, en algunos casos, y al reconocimiento de su público lector, que no duda en agasajarlos públicamente cuando se les da la ocasión. En segundo lugar, no es sólo un género que suma lectores, sino que mantiene su fidelidad más allá de las fronteras inevitables de la edad, por lo que también fomenta el hábito lector de por vida. En tercer lugar, sólo disfrutan de los dos puntos anteriores los escritores que saben establecer profundos lazos sentimentales con sus lectores a través de sus obras, pues son los únicos que dominan el arte de sobrevivir al olvido de la edad adulta.


viernes, 23 de enero de 2009

Lectores a rayas

El diario Público recoge hoy una encuesta sobre los libros más leídos durante el último semestre de 2008. El método utilizado fue la entrevista telefónica a 12.800 personas, mayores de 18 años y residentes en España. Los resultados que publica este medio no sólo citan los títulos que han confesado leer los entrevistados, sino sus preferencias según las variables de sexo y edad.
Lo más llamativo de este muestreo es la rotunda homogeneidad entre los lectores adultos. El niño con el pijama de rayas, de John Boyne, se erige como ganador absoluto en todas las categorías seguido, de cerca, por Los pilares de la tierra y Un mundo sin fin, de Ken Follet, La catedral del mar, de Ildefonso Falcone, y El juego del Ángel y La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. En puestos inferiores se mantienen otros autores de "best-sellers" como Stieg Larsson, Dan Brown, Noah Gordon, Julia Navarro, Katherine Neville, Rhonda Byrne, Matilde Asensi o J. K. Rowling. Destaca, por ser un título de no ficción La Reina muy de cerca, la polémica biografía que escribió Pilar Urbano, que ocupa los puestos 14º-27º de esta lista. Otros parecen ser inmunes al tiempo y a las modas: La Bíblia y El Quijote son dos grandes ejemplos, a los que se suman Cien años de soledad, Los renglones torcidos de Dios, El alquimista y El perfume. Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, El asombroso viaje de Pomposio Flato, de Eduardo Mendoza, y El corazón helado, de Almudena Grandes, novedades de calidad en nuestro mercado editorial, apenas se sostienen en la segunda mitad de la tabla. Más preocupante es la ausencia de Juan Goytisolo, Joan Margarit o Juan Marsé, los grandes premiados del año pasado, aunque tenga cabida el último ganador del Planeta, Juan José Millás, con su novela El mundo.
En definitiva, la tiranía de los superventas y la homogeneización de los gustos de lectura merecen una reflexión que debe ir más allá del terreno literario. Si se desdibujan tanto los límites naturales entre lectores de distintos sexos y franjas de edad, es posible que se deba a motivos que se ocultan en lo más profundo de nuestra sociedad, como la asimilación de una cultura globalizada, única, desprovista de crítica y blanco fácil de cualquier manipulación ideológica que pretenda utilizar el libro, la novela al fin y al cabo, no sólo como producto de consumo, sino como caballo de Troya.




Esta imagen ha sido extraída de la edición digital del diario Público y recoge las variables de sexo y edad sobre los cinco títulos más leídos durante el último semestre de 2008. La tabla donde se recoge la lista completa de títulos y su porcentaje de mención, se encuentra en la edición impresa de 23 de enero de 2009.

sábado, 22 de noviembre de 2008

¿Qué se está haciendo para fomentar la lectura?

Desde que el informe PISA nos saca los colores, la lectura ha ido cobrando importancia dentro y fuera del ámbito escolar. En los centros de enseñanza, por ejemplo, se están elaborando los planes de lectura, comunes a todas las materias, que marcan la LOE y la mayoría de las administraciones autonómicas. Tienen la virtud de complementar las actividades de animación a la lectura, circunscritas al terreno literario, con el desarrollo de estrategias de la comprensión lectora y, en algunas comunidades, con el de la expresión escrita y la gestión de bibliotecas escolares; sin embargo, sufren las carencias tradicionales del sistema: falta de medios económicos, de infraestructuras, de formación del profesorado y de oferta de actividades extraescolares que animen a la lectura. En consecuencia, corren el peligro de convertirse en un documento teórico más que se incluya en la PGA del centro, por puro trámite, sin que se aplique de manera efectiva en las aulas.
Por otra parte, es cierto que crece el número de cursos destinados a la formación docente, organizados por diversas entidades y focalizados en distintos aspectos de la lectura. El problema reside en la calidad de los mismos, pues las soluciones que suelen aportar resultan poco prácticas o inviables para la realidad del aula; tan solo hay que revisar algunos de los materiales que las ilustran: fotocopias amarillentas de libros descatalogados o plagios flagrantes en "power point" que insultan la inteligencia de los asistentes. Sin embargo, también hay ponentes que muestran sus propias experiencias, creativas, arriesgadas, positivas, amparadas en un aparato teórico que han ido configurando a partir de una bibliografía diversa, bien digerida, fruto de la curiosidad y del interés por abrir nuevos caminos que faciliten a sus estudiantes el acceso a los libros. Sus lecciones resultan valiosas porque rompen esquemas preconcebidos, destierran tópicos y desautorizan prejuicios largamente arraigados en la profesión con ejemplos concretos, prácticos, extraídos de la realidad. Afortunadamente, son cada día más los compañeros que se suman a esta tendencia, aunque siguen siendo insuficientes si tenemos en cuenta que las deficiencias en la competencia lectora se recrudecen con cada nuevo informe PISA, tal vez, porque no hay un intercambio fluido de información entre profesionales y una formación básica, universalizada, sobre esta destreza en nuestro colectivo.
Fuera del ámbito escolar, la sociedad empieza a interesarse por la lectura como una necesidad y no como un valor más o menos prestigioso del que disfruta una minoría. Se intuye por el espacio que la prensa le dedica, últimamente, a la lectura, como es el caso del diario "El País", que la semana pasado publicó un reportaje sobre el fomento de la lectura en la "web 2.0", que tenía como protagonistas a Toni Solano, autor del blog Re(paso) de lengua, y a Eduardo Larequi, de La bitácora del tigre. Una noticia más polémica, hecha pública esta semana, ha sido la de las declaraciones de Mercedes Cabrera, ministra de Educación, sobre la obligación de leer con los alumnos en el aula, durante la presentación del libro La competencia comunicativa lingüística. No profundizaré más en ella porque hay compañeros blogueros que la han comentado con más acierto del que lo haría yo, aunque opine que cualquier repercusión en los medios sobre este tema, por insuficiente que parezca, no deja de ser un pequeño triunfo.
En conclusión, el nivel de competencia lectora de los adolescentes parece que preocupa a los poderes públicos, pero no destinan los medios necesarios ni se aprovechan adecuadamente los ya disponibles. La claves residen, por lo tanto, en el trabajo diario del profesorado y en el interés de las familias, es decir, en soluciones prácticas que se apliquen a casos concretos. Por nuestra parte, como docentes, también tenemos la responsabilidad de formarnos, la posibilidad de intercambiar opiniones y experiencias que repercutan, positivamente, en nuestras clases. Con este objetivo ha nacido "Lecturas y lectores", una red social en "Ning", coordinada por Juan Antonio González Romano, amigo y compañero de acreditado prestigio. Dejo para una futura entrada los detalles que, a buen seguro, resultarán de gran utilidad para los lectores de "Aguja de marear".

jueves, 2 de octubre de 2008

Comentarios sobre la lectura y John Boyne (una vez más)

Entre los blogs que suelo visitar, se encuentra Darle a la lengua, de Felipe Zayas. Es un lugar de paso obligado para los que estamos familiarizados con la blogsfera educativa, pues ofrece entradas muy interesantes sobre el aprovechamiento de las TIC, experiencias educativas, información sobre congresos y recursos para Lengua Castellana y Literatura, en general. Su autor, además, no sólo es conocido por ser pionero en la aplicación de esta tecnología a las aulas, sino que es autor de varios libros de texto y de estudios teóricos sobre su enseñanza. En otras palabras, Felipe Zayas se ha convertido en un autor canónico, imprescindible para los que queremos avanzar en esta profesión.
El caso es que, ayer mismo, leí la entrada "¿Literatura juvenil para la clase de Lengua y Literatura?" en "Darle a la lengua", que trataba sobre la conveniencia de incorporar la Literatura Juvenil, y por extensión los "best sellers", a las lecturas de clase. Como ejemplo, Felipe Zayas recomendaba El niño con el pijama de rayas que, a su juicio, y sin haberlo acabado, no le disgustaba. Puesto que he tratado, largamente, ambos temas en "Aguja de marear", no podía resistirme a publicar un comentario. Lo cito aquí porque creo que es toda una declaración de intenciones y un resumen de mis creencias sobre la lectura. Espero que la última parte no se interprete como un encono hacia John Boyne que, por otra parte, estaría justificado.

Literatura comercial sí, pero no a cualquier precio. Hoy en día, si queremos fomentar la lectura por placer entre nuestros alumnos, debemos recurrir a la Literatura Juvenil y a los “best sellers”. Ya no vale aquello de que el alumno lee lo que el profesor ha leído o estudiado, por otra parte, muy alejado de su tiempo, lengua o conocimiento del mundo; ahora es el profesor quien debe leer aquellos títulos que interesan o pueden interesar al alumno. Por lo tanto, a nuestras tareas habituales de clase, se suma la necesidad de elaborar una lista de títulos lo suficientemente amplia como para dar de leer a todos en clase.
Esta lista debe ser abierta y flexible, y ha de conjugar lecturas obligatorias con lecturas voluntarias (la capacidad de elegir es un estímulo fundamental para el alumno), así como unos métodos de calificación y evaluación claros. En mi caso, la evaluación de las lecturas voluntarias suele estar asociada a proyectos de escritura (considero que lectura y escritura son dos caras de una misma moneda) y permite, a su vez, que el alumno recomiende nuevos títulos. También he dicho que es flexible, porque la autoevaluación de la lista es crucial para mantener los libros que han funcionado y desechar los que no han tenido buena acogida; este factor es necesario para dinamizar y dotar de variedad a nuestro plan de lectura, ya que está condicionado, a su vez, por la novedad y actualidad de los títulos.
Respecto a los clásicos, creo que no son necesarios en toda la etapa de secundaria y obligatorios en 1º de Bachillerato, siempre que estén debidamente adaptados. Para que su aprovechamiento sea efectivo, el alumno necesita de una serie de conocimientos previos, adquiridos durante la etapa obligatoria, a través de la lectura intensiva de fragmentos literarios, además de una serie de conceptos relacionados con las convenciones de los géneros, los recursos, características y marco histórico de la obra, que contribuyan a su madurez intelectual. También es necesaria una cierta madurez personal, dada por la experiencia vital, intransferible, para la adecuada comprensión de un clásico. Un ejemplo claro es el del “Lazarillo”, paradigma de clásico sencillo y accesible, que el alumno, en realidad, no llega a comprender y a provechar, en lo esencial, durante 3º de ESO. En cambio, si lo recomendamos para 1º de Bachillerato, por medio de una edición adaptada, como la de Eduardo Alonso para Vicens Vives, notaremos un cambio sustancial en algunos de nuestros alumnos, pues llegará, incluso, a despertarles la curiosidad por otros títulos de la misma época.
Para terminar, no quisiera dejar de lado “El niño con el pijama de rayas”. Ya le dediqué dos entradas extensas en “Aguja de marear”, mi blog, por lo que no añadiré mucho más. Cuando me refería a que no hay que incorporar literatura comercial a cualquier precio pensaba, precisamente, en este libro. El profesor, como mediador, tiene la responsabilidad de seleccionar los títulos que dará de leer en clase en función de su calidad e interés, pero sin dejarse cegar por campañas editoriales ni por (falsos) cánones. La novela de Boyne, dentro de la literatura comercial, no es un ejemplo de calidad, aunque todavía no haya constituido ningún “canon”, porque resulta tan inverosímil que menosprecia la inteligencia del lector (y la de los niños en particular); recrea, de forma deficiente, un contexto histórico determinado sólo para alimentar la más profunda morbosidad; y sin desestimar que este sentimiento, por su parte, es manipulado de tal forma que, lo que entendemos como una cruel historia de venganza, termina por promocionarse como una bonita historia de amistad interracial, pero de final malogrado.
Personalmente, prefiero que mis alumnos lean títulos de literatura comercial mejor escritos y que tengan la amistad como un fin en sí mismo, a que lean “El niño con el pijama de rayas” y crean que la amistad es un medio para lograr otros fines más oscuros.
Gracias por tu paciencia, Felipe.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Ingredientes para un club de lectura ( II )

¿Qué se lee en un club de lectura? Una de las atribuciones que no hemos mencionado coordinador es la de asegurarse que cada miembro del club puede disponer de un ejemplar del libro que se va a leer. Esto no significa que sea él quien elija esa lectura, ya que es una decisión que toma el grupo, bien sea por consenso o por votación. Lo habitual es que se confeccione una lista de títulos variada, que incluya best-sellers o libros que en ese momento sean atrayentes para un posible lector, por su novedad, promoción editorial o versión cinematográfica reciente, como, por ejemplo, El juego del ángel, El niño con el pijama de rayas o Los girasoles ciegos. Esto no significa que se excluyan libros clásicos o contemporáneos menos conocidos, pero de calidad literaria reconocida, como 1984, La náusea, Don Quijote o Rayuela. Por lo tanto, no importa la época, el autor o la lengua en que hayan sido escritos mientras se tenga en cuenta el factor de actualidad para algunos títulos (en especial los primeros), pues así se captará un mayor número de lectores que podrán compartir su gusto por la lectura y disfrutar de otros libros que no habrían leído por sí mismos. Por otra parte, también podemos encontrar variantes de este modelo si restringimos el género o subgénero de libros que se proponen para la lectura y el perfil de los miembros del club. En cuanto al género, la mayor parte se decanta por la novela, pues suele poseer un argumento más elaborado y un número de personajes mayor que el teatro o el relato corto, además de ser más popular entre el público lector. La poesía es más complicada de interpretar y no ofrece ningún tipo de trama cuando es lírica, aunque se sabe de ciertos clubs de lectura que inician sus sesiones con la recitación de un poema. Sobre el género novelesco o subgénero, a veces está íntimamente ligado con el perfil de lector que se requiere, como es el caso de la Literatura Infantil y Juvenil que está destinada a niños de hasta 12 años o a adolescentes a partir de esa edad, y que suele inscribirse en el marco de actividades académicas o de programas de animación a la lectura organizados por bibliotecarios. Otro ejemplo sería el de la Literatura para Mujeres, dentro ya de los talleres de lectura para adultos, donde sólo tendrían cabida lectoras que leen a escritoras contemporáneas, por ejemplo. Para evitar malentendidos es oportuno aclarar que este género narrativo surgió, en lengua castellana, durante los años ochenta, gracias a la senda abierta por algunas precursoras como Ana Mª Matute, Carmen Martín Gaite o Carmen Laforet, y que se materializó en algunos nombres propios que hoy resultan de sobra conocidos (gracias, también, a sus artículos de opinión), como Almudena Grandes, Rosa Montero, Espido Freire o Maruja Torres. La novela negra, en cambio, no requiere un perfil específico de lector, aunque sí unos gustos afines, relacionados, sobre todo, con el cine policíaco y detectivesco, que tan popular fue en los años cuarenta y cincuenta por las adaptaciones de algunos títulos clásicos de Raymond Chandler, Dashiell Hammet o Agatha Christie. Podemos encontrar información actualizada de algunos de ellos, como el de la asociación Brigada 21, el club de lectura de la Biblioteca de la Bòbila o el de la Biblioteca de la Calzada, bajo la forma de blogs, páginas web o en distintas redes sociales. Por último, no sería justo olvidar un tercer factor que, más que restringir, agrupa a una serie de lectores que disfrutan leyendo en inglés, francés, italiano u otra lengua distinta de la suya.

¿Dónde se puede organizar un club de lectura? Para empezar, distinguiría entre espacios reales y espacios virtuales. Los espacios reales suelen ser, en su mayoría, bibliotecas, aunque también son frecuentes en los centros educativos (colegios, institutos, universidades…), las casas de cultura, los hogares del jubilado o lugares gestionados por la administración pública donde sea necesario diseñar actividades que fomenten la cohesión social de un colectivo concreto y dispongan, a su vez, de un fondo bibliográfico suficiente. Tampoco es extraño que algunas entidades privadas, como librerías o centros comerciales, acojan estos eventos, aunque siempre con la mirada puesta en la promoción de ventas. Otros espacios, como bares, locales de ocio y domicilios particulares, son menos habituales por motivos de comodidad, disponibilidad de materiales y culturales (en Inglaterra y EE.UU. lo habitual es reunirse en las casas de los miembros del club). Las ventajas de disponer de un espacio real son evidentes: mayor conciencia grupal, por la posibilidad de establecer lazos afectivos más sólidos, mayor capacidad de interacción, de debate, de respuesta inmediata, de diálogo, sin olvidar la participación en actividades externas relacionadas con el club, como cenas, excursiones, visitas al teatro y al cine… tal y como se ha mencionado en el primer apartado de este artículo. Entre las desventajas, la principal sería el tiempo, ya que, a pesar de que la periodicidad sea semanal, quincenal o mensual, no siempre podemos escapar de los imprevistos, los compromisos sociales o el cansancio que nos sobreviene a todos cuando termina la jornada laboral. Si lo comparamos con los espacios virtuales, también podríamos añadir la dificultad de intercambiar impresiones con otros compañeros durante la lectura o, si se realiza mediante fragmentos programados para fechas concretas, sumaríamos la angustia personal de no llegar hasta la página 240 (además del tiempo libre, no todos los lectores tienen el mismo ritmo de lectura) y de saber qué ocurre a continuación, sin haberlo leído previamente ni poder participar, de pleno derecho, en el debate posterior. Los espacios virtuales constituyen, sin embargo, una alternativa cuando no se dispone de mucho tiempo o de un espacio físico para reunirse. Las nuevas tecnologías ofrecen, hoy en día, herramientas suficientes para la comunicación y el intercambio de información en diversos formatos (no sólo escritos) que suponen un coste económico prácticamente nulo para sus participantes. Los más comunes son las páginas web y las bitácoras o blogs, que a través de foros y comentarios a las entradas que se publican, posibilitan la discusión literaria, a veces mejor planificada que en los espacios reales, por lo que gana en calidad, aunque pierda en espontaneidad y calor humano. Otra ventaja (o desventaja, según se mire) es que las actividades del club de lectura digital pueden ser conocidas por cualquier usuario de Internet y, todavía más, si el foro o las entradas del blog no están restringidas por una contraseña, por lo que el peligro de injerencias o críticas no deseadas se multiplica. Se podrían citar algunos ejemplos curiosos, como los foros de Laura Gallego o de Crepúsculo, en los que los lectores adolescentes pueden comentar con la autora, en el primer caso, ciertos aspectos de su obra, además de conocer a otras personas de su edad, ya en ambos casos, con las que compartir su gusto por la fantasía épica o el terror romántico. Para saber más de otras iniciativas en red, resultan interesantes el enlace de @bsysnet.com, la página web de El club literario o el blog del Club de lectura de la Biblioteca Pública de Orihuela.
Si después de leer este artículo os apetece participar en un club de lectura digital o colaborar con él, tenéis la oportunidad de hacerlo en Síndrome Bovary, el blog que ha creado Elisabet Roig. De momento, no hay contenidos, así que podéis sugerir títulos y propuestas de lectura desde un principio y sin complejos. Yo, por mi parte, me comprometo a completar estas entradas con otras sobre actividades concretas que se podrían aplicar a diversos clubs de lectura, sobre todo para adultos y adolescentes.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Ingredientes para un club de lectura ( I )

Hace unos meses, recibí la propuesta de Elisabet Roig, mi buena amiga de Depasseig, para formar un club de lectura. Esta iniciativa surgió, supongo, como respuesta a las palabras que tuvimos en la “Fira del llibre de València”, durante la firma de ejemplares de su novela L’Aigua. Entonces le comenté que tenía en mente organizar un grupo de trabajo que contara con los compañeros del “Diploma de cultura, lectura i literatura per a infants i joves” que habíamos cursado en la Universidad de Valencia bajo la tutela de Gemma Lluch. El objetivo era diseñar un plan de lectura para centros de Secundaria desde una perspectiva actual, distinta, dotada de una sensibilidad más propia de nuestra generación que de la de nuestros padres que, no es necesario decirlo, es a la que pertenecen la mayor parte de nuestros maestros. Como es lógico, no salió adelante porque requería mucho tiempo, esfuerzo y conocimientos que, tal vez, no teníamos.

Sin embargo, la contraoferta de Elisabet me hizo pensar en los clubs de lectura como una posibilidad más realista y accesible, abierta a mayor variedad de participantes, sin que sea necesario un grado de especialización muy alto. La consecuencia fue que comencé a recopilar información sobre esta estrategia de animación a la lectura. Lo que sigue, mezcla algunos parámetros comunes con ciertas impresiones personales.

¿Qué es un club de lectura? Según Blanca Calvo, es un grupo de personas que leen, a solas, un mismo libro para reunirse después, de forma periódica, y comentar diversos aspectos relacionados con la trama, los personajes el estilo… Por tanto, la clave reside en que los participantes deben ostentar una competencia lectora suficiente que les permita esa primera lectura íntima, privada, en la que asentar las premisas iniciales de su interpretación, y una “lectura colectiva”, la puesta en común con el grupo, que no excluye la relectura en voz alta de algunos fragmentos, que sirve para contrastar esas impresiones personales con otras formas de leer y encontrar unas conclusiones más enriquecedoras. En definitiva, el placer de la lectura conduce al debate y, por tanto, a una interpretación más profunda de la obra.

¿Quiénes participan en el club de lectura? En primer lugar, el número de participantes varía según esté destinado a adultos, niños o a adolescentes. Para empezar un club de lectura de adultos son necesarias diez personas y se puede ir ampliando hasta un máximo de treinta. El grupo ideal debe estar entre los veinte o veintiocho lectores. En el caso de que sean niños o adolescentes, lo recomendable es empezar con cinco o diez miembros y no sobrepasar los quince cuando esté consolidado. La responsabilidad de que estos requisitos se cumplan recae en la figura del coordinador, una especie de maestro de ceremonias elegido por su acreditada experiencia con los libros o por sus conocimientos literarios. Según el ámbito en el que vaya a desarrollarse el club de lectura, suele ser un bibliotecario, un profesor o un lector experimentado. En ciertos grupos, esta labor la alternan los participantes más antiguos, fruto del previo consenso en la distribución de los turnos. Entre las tareas que se atribuyen al coordinador, Blanca Calvo destaca la obligación de moderar las reuniones, resumir el contenido del libro, diseñar sesiones motivadoras y organizar actividades complementarias, como viajes, cenas, encuentros con autores, asistencias al teatro o al cine para disfrutar de obras relacionadas con la lectura del momento, etc.


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