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miércoles, 19 de julio de 2017

Entre dunas, de Florián Pérez Alarcó


Tras un título sencillo, puede esconderse una trepidante historia de aventuras, amor y heroísmo altruista. Entre dunas, de Florián Pérez Alarcó, es un buen ejemplo. 
Esta novela se divide en tres partes claramente diferenciadas, más un final, a modo de epílogo, que sacia la curiosidad del lector sobre el reencuentro de algunos personajes y que facilita el cierre definitivo de la línea argumental. 
La primera parte responde a muchas de las convenciones de la literatura juvenil, de temática amorosa y ámbito escolar: Geles, la voz protagonista, es una estudiante de 2º de ESO que acude con su amiga Andrea a la localidad de Montanejos, en la provincia de Castellón, para pasar el día con su amiga Andrea y sus compañeros de clase, en una actividad organizada por el instituto. El conflicto se desata cuando Andrea, acompañada previamente por Geles, se marcha en la moto de un chico árabe, Zahir, que había conocido en Instagram y con el que había mantenido conversaciones por WhatsApp, para comer en un pueblo cercano. A partir de ese momento, ambos desaparecen sin dejar rastro y se detalla, sin ahorrar dramatismo, el descubrimiento de la ausencia de Andrea, el sentimiento inconsolable de culpa de Geles, la reacción emocional de sus familias, de sus allegados, de los profesores de su centro, incluso la de los policías que se responsabilizan del caso. Es entonces cuando el registro de los personajes cambia para adecuarse, según las normas del decoro, de una jerga estudiantil, propia de cualquier adolescente, y muy lograda en las primeras páginas de esta obra, a un lenguaje algo más técnico, formal, sin que presente grandes dificultades a un lector estándar de Secundaria.
La segunda parte, sin embargo, supone un salto temporal varios años después, protagonizada por una Geles universitaria que no ha logrado -ni querido- olvidar a su amiga Andrea. Cobran relevancia y despuntan los personajes de Manel, el chico que le gustaba a Andrea en la excursión y que ahora es su novio, además de Jorge, el hermano de Andrea, un voluntario de Médicos sin Fronteras, que actúa como guía y posibilitador de la tercera parte, ya que posee una amplia experiencia en calidad de viajero a lugares desfavorecidos y las habilidades necesarias para emprender la verdadera aventura de Entre dunas. Esta segunda parte se nutre de la reaparición de Zahir, en una retransmisión televisiva de la Primavera árabe, en Argelia, que actúa como catalizador para la reactivación de la búsqueda de Andrea, lo cual la sitúa como eje, a modo de bisagra, de toda la trama.
La búsqueda y rescate de Andrea en Argelia y los países limítrofes acaparan la tercera parte del libro. Allí se fragua la auténtica aventura, primero con tintes de novela negra, en la que Akram, el chófer contratado por Jorge, tendrá un papel relevante en el hallazgo y captura de zahir. También como contrapunto o antagonista, como árabe dotado de cualidades positivas, pues Zahir, tal vez marcado por ecos borgianos, se erige en figura de la traición y del engaño, por dinero. El secuestro y posterior confesión de Zahir inicia una travesía por el desierto argelino hasta la recóndita morada del ahora marido de Andrea, que la compró a Zahir, primero como esclava, y con la que tiene una hija pequeña. La efigie vaporosa del marido, que en ningún momento se describe ni toma la palabra, pero que se conoce a través de sus ricas posesiones en las profundidades del desierto y por el poder violento que no dudan en ejercer sus hombres, se extiende como un manto que cubre esta tercera parte. El otro gran protagonista es el desierto del Sáhara, que convierte el rescate de Andrea en todo un reto de supervivencia, cuyo éxito se alimenta de la fuerza de voluntad, instinto de conservación y heroísmo inesperado de algunos personajes. Tal es el caso de Manel, que evoluciona de un chico apocado y pasivo a un héroe algo temerario cuando las circunstancias vitales y amorosas lo apremian. Una de las circunstancias amorosas es la rivalidad que surge con Omar, el misterioso guerrero tuareg que sacrifica casi todos sus recursos humanos y materiales para ponerlos a salvo, y por el que Geles comienza a sentirse atraída. La construcción e intervención de este personaje recuerda a la novela Tuareg de Alberto Vázquez-Figueroa, pero también a la maurofilia que dota de rasgos aristocráticos y heroicos a los protagonistas de romances fronterizos y novelas moriscas de la tradición literaria en lengua castellana. También supone la excusa perfecta para que el autor introduzca extranjerismos exóticos, como mehari, con el que se refiere a los dromedarios del pueblo tuareg con los que se ven forzados a continuar su penosa vuelta a un lugar desde el que puedan volver a España, o los datos con los que se ha documentado para dar a entender al lector la terrible inmensidad del Sáhara, así como las fatales consecuencias de caminar sin rumbo en sus entrañas.
Toda narración que siga la estructura del viaje debe tener un final, una vuelta al hogar o al lugar deseado. Tras un regreso agónico, dominado por un enfoque más cinematográfico que literario de la acción, que sitúa la vida de los personajes en el límite de lo humanamente soportable, se produce la llamada que traerá a la policía y a las fuerzas del orden como un nuevo Séptimo de Caballería que acabará con la amenaza de Zahir y de los secuaces del marido de Andrea. Esta concepción maniquea, típica del western y de muchas historias de aventuras, será necesaria para cerrar la línea argumental del desierto y abrir el epílogo, el final climático, emocional, en el que se reencuentran Andrea y su madre en España.
Entre dunas es una novela juvenil que por su lenguaje es accesible a jóvenes lectores que estudien Primer Ciclo de ESO, pero que por su trama, también entretendrá a adultos, de manera que, por unas horas, se olvidarán de sí mismos para soñar con ser héroes en el corazón baldío del desierto.

lunes, 27 de julio de 2015

Iqbal Masih, según Miguel Griot

Iqbal Masih. Lágrimas, sorpresas y coraje es una novela comprometida, impactante y asequible a un amplio número de lectores.
La historia real de Iqbal Masih, desde su venta como niño esclavo a una fábrica de alfombras de Lahore (Pakistán), para que su familia pudiera pagar la boda de su hermano; su liberación gracias al BMM (Frente de los trabajadores de ladrillos, fundado por Ehsan Khan) y el malogrado final que tuvo en 1995, por su ferviente activismo en contra de la explotación infantil, en todo el mundo, inspira tanto el argumento como los temas y valores que transmite el libro.
A pesar de lo que pudiera desprenderse del subtítulo, de otras obras similares y de la dureza de la historia de su protagonista, el tratamiento por el que opta Miguel Griot huye del tremendismo, de la lágrima fácil, de un intimismo confesional que pudiera empañar su verdadero propósito, la denuncia de la esclavitud infantil en los países pobres mediante una nueva reivindicación del ejemplo de Iqbal Masih. Para ello, se sirve del enfoque documental y de las voces de todos aquellos que conocieron al protagonista, que relatan sus recuerdos, sus vivencias compartidas, en breves intervenciones que, en el caso de los personajes más relevantes, vuelven a tomar la palabra para asegurar un esquema lineal de la trama. Esta polifonía no acoge, hasta el final, el discurso directo de Iqbal, sino que traza su retrato como el negativo de una fotografía, como el molde en escayola que permitiría crear varias copias de su figura. Las opiniones de los personajes secundarios, muchas derivadas de anécdotas, sobre todo antes de la fábrica y durante su etapa de activismo mundial, objetivo predilecto de los medios de comunicación de entonces, le restan gravedad y dramatismo al tema para devolver la condición de niño, la más humana de todas, a quien la había perdido a manos de la ignorancia, la codicia y la crueldad.
El estilo, por su parte, no es ampuloso ni retórico para no perjudicar la transmisión del mensaje ni excluir, por tanto, a muchos lectores. Busca la sencillez, la claridad y la concisión, pero sin escatimar en referencias bien documentadas sobre la vida en Pakistán o las costumbres de los países a los que viaja. También es cierto que se observa alguna licencia, como ciertos modismos y expresiones coloquiales que se filtran en las conversaciones entre los personajes infantiles y juveniles que campan a lo largo de la novela, que tienen como finalidad que los lectores adolescentes se identifiquen emocionalmente con ellos y se sientan cercanos a la historia. Este rasgo de estilo, junto con la brevedad de los capítulos, la harían apta no ya para alumnos de 15 años, sino para algunos aficionados a la lectura de primer ciclo de Secundaria, que no hallarán en la multiplicidad de voces un obstáculo, sino un estímulo, un reto que hace más interesante una historia que traspasa los límites de su mundo cotidiano.
Iqbal Masih es más que una novela con un tratamiento sorprendente; más que un homenaje sentido a la trágica historia de un activista precoz en defensa del derecho a la infancia y en contra de este capitalismo feroz que esclaviza a los hijos de los pobres para que viejos ricos hagan negocio; es un canto a la vida, al dolor, a la amistad, a la justicia, a la solidaridad, a la necesidad de cambiar el mundo y a la dificultad de conseguirlo, que encarnó un niño de Lahore, un pobre tejedor de alfombras, llamado Iqbal Masih.

miércoles, 31 de julio de 2013

Ficha para el estudio de obras literarias narrativas



He creado esta ficha para que sirva de referencia a los alumnos de 3º y 4º de ESO que deban entregar un breve estudio literario sobre una de las dos novelas que deben leer para este verano, según el informe de suspendidos que se les ha adjuntado con las notas. 
Para elaborarlo, he tomado como fuentes principales tanto "Guía para el análisis de una novela", disponible en SlideShare, como "Comentario de textos narrativos", publicado por Israel Rodríguez Gil en Scribd. Estos documentos pueden aclarar, de paso, algunos de los apartados más esquemáticos y arrojar luz sobre otros que tal vez no estén al alcance de todos y cada uno de sus lectores. En cualquier caso, y como he hecho desde que inauguré este blog, todo lo que publico está sujeto a revisión y, por tanto, a modificación, siempre que proceda de observaciones fundadas.
En resumidas cuentas, espero que sea de utilidad para mis alumnos y para todos los aficionados a la narrativa de ficción -o a su docencia- y que necesiten de un instrumento de reflexión y evaluación valido y exhaustivo.

viernes, 5 de abril de 2013

Tormentas de verano, de Sergio R. Alarte (II)

La continuación de mi comentario crítico sobre la novela Tormentas de verano, de Sergio R. Alarte, profundizará en las referencias, personajes, espacios narrativos y otros aspectos interesantes de esta obra.

Presentación de Tormentas de verano en Bibliocafé,
con David Mateo, Sergio R. Alarte y Anabel Botella

La caracterización de las tramas se debe no solo a la sucesión de hechos de uno u otro tipo, sino a la abundancia y uso de referencias, muchas reconocibles por cualquier lector y otras fruto de la documentación. Las referencias de la trama marco se reparten entre las de carácter metaliterario, culturalista, tecnológico, geográfico y de ocio. Las de carácter metaliterario utilizan la literatura para hablar sobre sí misma y sobre su proceso de creación. Pertenecen, sobre todo, a la alta cultura, ya que responden a la formación filológica de Sergio R. Alarte, a sus gustos personales, a cierta intención pedagógica con que escribió la novela y a las tendencias narrativas que ya consolidaron Emilio Pascual con Días de Reyes Magos y Carlos Ruiz Zafón con La sombra del viento. Por ello, no es raro encontrar a Garcilaso de la Vega junto con José Hierro o Federico García Lorca en los "duelos de juglares", un trasunto de las famosas "peleas de gallos" de los raperos que, en el fondo, no deja de ser un recurso ingenioso para acercar el proceso de creación literaria a los más jóvenes.
Las referencias culturalistas, por su parte, son más heterogéneas y no siempre apuntan a la alta cultura. Las de carácter cinematográfico, con claras alusiones a BuñuelMurnau y al cine Dogma sí, lo que no ocurre con las musicales, que se refieren tanto a los temas de John Coltrane o Massive atack, como a los grandes éxitos de la década de los ochenta o de Arctic Monkeys, contemporáneo de la novela. Las pictóricas, en cambio, apenas se reducen a Van Gogh.
Las referencias tecnológicas, además de vestir la trama de modernidad, contribuyen a su desarrollo como elementos estructurales, ya sean como fuente de información, como medio para lograr un fin determinado o como elemento socializador entre personajes. La tarjeta de memoria, por ejemplo, se ajusta a las dos primeras definiciones: recoge el mensaje de Aitana y es la pista más valiosa para saber dónde está. También adquiere relevancia la red social Tuenti, a través de la que se comunican las cuatro investigadoras adolescentes y fortalecen, aún más si cabe, sus lazos de amistad. El autor, además, la aprovecha con maestría para recrear el tan temido lenguaje SMS o de chat, al que se le achaca la mayoría de los errores ortográficos de los estudiantes. Los juegos electrónicos cooperativos por internet y toda la cosmogonía de aspectos propios de una cultura fanzinera, "underground", se sitúa entre las tecnológicas y las referencias de ocio, con los objetivos prioritarios de caracterizar mejor a ciertos personajes, como Azu, y hacer un alegato indisimulado frente a quienes los desprecian como parte de un tipo de "subcultura".
Los espacios narrativos están plagados de referencias geográficas reales, entre las que destaca la misma Salamanca, la Peña de Francia y Las Caballerizas que, junto con el tiempo cronológico, verano de 2012, le confieren una gran dosis de verosimilitud. La casa de la espiritualidad, en cambio, y a pesar de que también pueda estar inspirado en un lugar real, actúa como ficticio, al servir de puente, por ser un espacio común, entre la trama metaliteraria y policíaca, además de ser epicentro narrativo de la acción narrativa más climática, que se reparte entre el salón de actos y el campanario. Por otro lado, justifica el papel que realizan los dos monjes, el padre Damián y el padre Luna -uno de los cuales está basado en mi persona-, aunque acusen la influencia de El nombre de la rosa y, si se tiene en cuenta la organización secreta de los Numantinos, a El código Da Vinci, de Dan Brown.
El resto de personajes se divide en cinco tipos más: Julia y sus amigas; Felipe el Mayor y sus amigos, con los que tienen una relación de atracción y repulsión; los profesores del curso Jóvenes Artistas Españoles (JAE); Tomás el Lazarillo y su padre, el librero ciego; y los policías y científicos, de los que resaltaría a los agentes Castro y Benegas, cuya caracterización oscila entre una documentación detallada de primera mano y la licencia literaria inspirada, por ejemplo, en la serie televisiva Bones. Las chicas, por su parte, son los personajes más redondos de la narración, pues de la caracterización inicial -como musas de la literatura, pintura, cine y música-, van adquiriendo la entidad y consistencia atribuibles a unas chicas de catorce años, de lo que podrían ser sus pensamientos, sentimientos y ocurrencias, hasta percibirlas como totalmente reales hacia el final de la obra.

Tormentas de verano es, en definitiva, una novela sorprendente, entretenida y especialmente dirigida a jóvenes y que enganchará a cualquier adulto que se acerque a ella por su factura profesional, estilo,  elaboración de las tramas, riqueza de referencias y verosimilitud de sus personajes. Además, Alupa publicará, dentro de unos días, la guía didáctica para que profesores, bibliotecarios y padres puedan aprovechar todo su potencial didáctico, que hemos elaborado Sergio R. Alarte y yo, junto con un audiolibro que está ultimando Raúl Núñez, compañero de los tiempos de la Facultad y profesor de Educación Secundaria.

jueves, 4 de abril de 2013

Tormentas de verano, de Sergio R. Alarte (I)

Portada de Tormentas de verano, tomada de  Alupa.
Tormentas de verano es la segunda novela de mi buen amigo Sergio R. Alarte, editada por Alupa,y su primera incursión en el género de la literatura juvenil. Con anterioridad, había publicado El yelmo del caballero, una novela de fantasía épica, y Butterfly, una colección de relatos de ciencia ficción que trata de recuperar las clásicas "Space-Opera", que tan populares fueron en la segunda mitad del S. XX. Esta última obra, además, está a cargo de Kelonia, la editorial que fundó junto con su mujer, Carmen Cabello, gran conocedora de este microuniverso literario y persona de múltiples recursos para la edición.
La presentación de Tormentas de verano se celebró a mediados del pasado mes de febrero en el Bibliocafé de Valencia, de la mano de los escritores Anabel Botella y David Mateo, con la participación, inestimable, de la editora de Alupa. Allí se desgranaron algunas claves para comprender la novela, su proceso de escritura y de edición, en un ambiente relajado, casi festivo, salpicado de varias caras conocidas y con la presencia de algunos amigos con los que hemos compartido pupitre en la Facultad de Filología y escenario en el Grupo Poétiko de Laura y el perro de Ábalos.

Con el fin de facilitar la lectura de mi comentario crítico de Tormentas de verano, he decidido repartir su contenido entre dos entradas sucesivas, que publicaré entre hoy y mañana. Hoy trataré el estilo, tramas y estructura. Mañana desgranaré las referencias, personajes, espacios narrativos y algunos aspectos interesantes de esta obra.

La lectura de la novela reveló, en primer lugar, un cambio de estilo más sencillo, coherente y depurado, más profesional y próximo al del género de la Literatura Juvenil, lo que lo hace asequible al público lector adolescente, pero también al adulto, sin que caiga en el tedio o en la impresión de que solo es un libro para niños. Esta evolución se aprecia todavía más si se compara con su obra inmediatamente anterior, Butterfly, que publicó dos meses antes, donde se aprecian ya los primeros rasgos de este nuevo uso de las palabras.
El manejo de los elementos tradicionales y más innovadores de la LIJ constituye, en segundo lugar, otro de los grandes valores de Tormentas de verano. Se sirve de la protagonista, Julia, una chica de catorce años, aficionada a la literatura, para narrar la historia, dotarla de unidad y lograr que el lector se identifique, es decir, empatice con ella, y así mantener su atención. La elección del narrador y del punto de vista femenino, -en el que priman no solo la pasión por las artes, sino el valor de la amistad entre chicas, los primeros escarceos amorosos y cierto enfrentamiento con los chicos en clave de "guerra de sexos"- apuntan a las lectoras de edades cercanas como segmento mayoritario entre el público lector adolescente.
La trama, por su parte, participa de los elementos comunes del género, pero también de los más populares entre la narrativa contemporánea para adultos. Sergio R. Alarte desarrolla, por un lado, una trama de carácter metaliteraria y culturalista, centrada en las actividades del JAE y en la relación que establece la protagonista con la mayoría de los personajes ligados a este curso, y, por otro, una trama policíaca y de misterio, con ciertos tintes de ficción científica y políticos, donde Julia pierde protagonismo en favor de personajes secundarios o adultos que no aparecían hasta entonces y que nada tienen que ver con las artes. Ambas tramas se organizan en una estructura enmarcada, puesto que la metaliteraria abraza la policíaca al abrir y cerrar la novela, engarzadas por una sólida narración lineal, cronológica, que tan solo se ve alterada por el flashback principal, que desvela, a posteriori, el desenlace de la línea argumental de misterio, en un claro homenaje a Cervantes, cuando, sin esperarlo, interrumpió el relato al dejar al Vizcaíno y don Quijote con las espadas en alto.

jueves, 22 de marzo de 2012

Ficha para recomendar lecturas

La lectura no es una responsabilidad exclusiva de los profesores de Lengua ni deben ser los únicos que digan qué leer, cómo y cuándo. Es una tarea compartida con los estudiantes -que son los que mejor conocen sus preferencias-, el resto del profesorado, aunque su materia no sea lingüística, y las madres y padres, que no solo proveen de libros a sus hijos o sirven de modelo de conducta para que ellos lean, sino que deben animarlos mediante refuerzos positivos, que pueden ser desde escucharles cuando les hablan de sus lecturas, pasando por hablarles de los libros que hayan leído, hasta valorar la cultura impresa como un bien preciado.
En mi centro, hemos comprendido que dar voz a los que han leído un libro que les ha gustado para que otros lo disfruten es una de las mejores medidas de fomento de la lectura que podemos poner en marcha. El procedimiento, la manera de hacerlo, se inspira en el formulario que creé en Google docs para que mis alumnos recomendasen las lecturas que más les habían gustado. La información que requería era muy sencilla: el título, autor y editorial del libro, acompañado por un resumen del argumento, una breve explicación de por qué se recomendaba y los datos personales del alumno que lo hacía. Una vez que llegase a mi correo, la elaboraría y la subiría a la página de Lecturas recomendadas de este blog, donde se muestra un ejemplo del producto final. A diferencia de la ficha de lectura voluntaria, que podía subir hasta un cuarto de punto por cada una, si se presentaba un máximo de dos por trimestre, la de las recomendadas se hacía sin ninguna contrapartida en la calificación de la asignatura, es decir, tan solo por amor a la lectura y de forma completamente altruista.
Este es el espíritu que ha guiado su inclusión dentro del plan de lectura del centro para conmemorar el Día del Libro, aunque con un par de matices significativos. El primero es que se ha optado por trasladar los requerimientos del formulario digital a una ficha en papel, según el modelo que podéis consultar, imprimir o descargar en esta entrada. Nuestra intención es que no solo vaya dirigida a nuestros alumnos, sino también a profesores, padres y el resto de miembros de la comunidad educativa. El segundo matiz es que todas estas fichas se colgarán en un tablón que ya se encuentra en el vestíbulo del centro para que cualquier persona pueda conocer qué libros se han recomendado, por qué lo han hecho y quién ha querido ofrecer a los demás esas palabras.
Una vez que termine la actividad, prometo dedicarle una entrada para comentar cómo ha ido, publicar las fotos del tablón, junto con la imagen escaneada de algunas de las recomendaciones más interesantes, y compartir el documento sobre su planificación.


ficha lecturas recomendadas VACÍO
El icono de abajo permite descargar la ficha en formato odt para modificarla con OpenOffice, porque no se puede visualizar ni editar con Google docs.


viernes, 19 de agosto de 2011

Una [estupenda] galería para dragones y princesas del Viejo Reino [...más o menos]

Una [estupenda] historia de dragones y princesas [...más o menos] (2005), de Jordi Sierra i Fabra, es una parodia amable de los libros de fantasía épica y de los cuentos tradicionales, muy en la línea desmitificadora de la saga Shrek. Debido a que predomina el diálogo por encima de la descripción, su brevedad y a la introducción del personaje de la "voz de la conciencia", contrapunto de la voz narrativa del escritor, resulta idóneo para la lectura en voz alta o dramatizada en el aula. Las descripciones, por su parte, no ralentizan la lectura ni entorpecen la trama, sino que añaden una nueva dimensión humorística, más plástica, visual y, en ocasiones, casi cinematográfica, que ayuda a contextualizar algunos detalles de la historia.
Esta novelita fue publicada por ALFAGUARA JUVENIL, serie azul, ya que está recomendada para lectores de 12 años en adelante, y apenas supera el centenar de páginas. Cuenta con una guía didáctica, descargable en PDF. No obstante, una de las actividades que recomendaba este documento, y que me ha servido para evaluar el grado de comprensión lectora de mis alumnos de 1º de ESO que debían leer el libro, es la de dibujar un mapa del Viejo Reino, lugar en el que transcurre toda la acción, al que añadí, durante el curso pasado, los retratos del protagonista, Ezael, y del dragón Zurg. Una pequeña muestra de estos trabajos, que tuvieron a bien en cederme mis alumnos del IES de Sant Mateu (Castellón), se puede contemplar en la galería virtual que he creado e incrustado en esta entrada:














Descarga la ficha de lectura recomendada en PDF

jueves, 28 de abril de 2011

"Románticos y liberales", mi blog sobre la literatura romántica del S. XIX



Románticos y liberales es el blog monográfico sobre literatura romántica del S. XIX que creé para el curso del ITE "TIC en el Área de Lengua. Profundización". Los contenidos que trata pertenecen al currículo de Lengua Castellana y Literatura para cuarto de ESO, desde un enfoque práctico e interactivo de la educación literaria de este periodo, para que el alumno pueda documentarse, realizar actividades y crear contenidos multimedia y digitales que contribuyan a un verdadero aprendizaje significativo, dentro y fuera del aula.
La estructuración de los contenidos se realiza según tres temas o etiquetas: fundamentos del movimiento romántico, los autores románticos (de momento, en lengua castellana), el romanticismo en otros países y el romanticismo en otros ámbitos, para favorecer la interdisciplinariedad con materias como Historia, Música o Educación Plástica.

lunes, 20 de diciembre de 2010

NOCILLA DREAM o la apnea de un sueño

¿Qué es la apnea del sueño?

Es la interrupción completa del flujo nasobucal.
Existen dos tipos de apneas, la obstructiva y la central.
La obstructiva es una obstaculización en las vías aéreas respiratorias por un crecimiento anormal que sólo está presente durante el sueño.
Las personas cuyos tejidos de la garganta como la campanilla, lo que rodea el paladar largo, así como la lengua, cualquiera de estos puede ser muy grande, provocando una resistencia a que el aire pase, lo que ocasiona el ronquido.
Si el ronquido avanza, esa obstrucción llega a ser completa y no pasa el aire generando la presencia de estas apneas.

De http://www.entornomedico.org/enfermedadesdelaalaz/index.php?option=com_content&view=article&id=110:apnea-del-sueno&catid=35:enfermedades&Itemid=56

No, no he cambiado de profesión. Esta definición de la apnea del sueño es mi homenaje (o ronquido)  particular a Nocilla Dream (2007), la primera novela de la trilogía que Agustín Fernández Mallo proyectó para injertar los principios de su  "poesía pospoética" en la prosa narrativa. También se la conoce por ser el germen de la llamada "Generación Nocilla", una amalgama de autores, de inspiración Pop, que fue encumbrada por un sector de la crítica no muy riguroso y por unos agentes editoriales que supieron aprovechar el poder de convocatoria de los medios de comunicación.
Como lector, suelo elegir los libros por curiosidad, prestigio o recomendación de algunas personas muy cercanas, nunca por moda. Con Nocilla Dream fue por una falsa sensación de prestigio que desembocó en decepción. Desde las primeras páginas hasta el último punto y final no se advierte ninguna novedad, tan sólo una imitación vergonzante de Rayuela (1963) aderezada, en ocasiones,  con el Libro de Manuel (1973), también de Julio Cortázar, ya que alterna capítulos narrativos, breves, solo identificables por un número, con pasajes de otros autores que responden a otros géneros textuales, literarios y no literarios, como el que se cita al final de esta entrada. Los capítulos narrativos, originales de Fernández Mallo, se ambientan, en su mayoría, en la Norteamérica contemporánea, de la que pretende realizar un retrato costumbrista, al estilo de Raymond Carver, es decir, sin que lo motive una pasión o una acción humana que lo rescate del lento fluir de la vida cotidiana. El resultado, sin embargo, no logra abstraerse de una mitomanía pegajosa, que anida y se reproduce entre líneas; una fascinación por todo lo que suene a yanqui, que suele condensarse en el motivo del arbol cargado de zapatos. Este objeto, lejos de canalizar las tramas paralelas, que relaciona de manera puntual, desvirtúa el conjunto, falsea las acciones de los personajes -planos, de por sí-, hasta hacerlas inverosímiles a cualquier lector, y rompe con la posibilidad de un realismo mágico que, en última instancia, es lo que persigue el autor. La fuente de inspiración más plausible de este motivo es la película de La cortina de humo (1997), en la que simboliza la manipulación masiva que ejercen los medios de comunicación sobre la población de un país. 
Otro aspecto censurable es la constante intromisión de nociones de Física con el deseo de hacerlas pasar por revolucionarias teorías literarias. Recordemos que Agustín Fernández Mallo es físico de profesión y que los fundamentos de su "poesía pospoética" están en la aplicación de este campo al terreno de la literatura. El problema es que no tiene ningún efecto positivo en la poesía y todavía menos en la prosa, puesto que convierte cada página en un batiburrillo incoherente, petulante y muy aburrido, que no lo salva ni los conocimientos de Física ni la afición por la literatura que pudiera tener el lector. No obstante, el crecimiento anormal de tantas palabras grandes, de tanto homenaje sentido y lacrimógeno a Borges, tal vez por el deseo frustrado de escribir la versión extendida de "El jardín de senderos que se bifurcan", obstruye las tragaderas del buen gusto, como una apnea pseudoliteraria que se manifestase en el momento más dulce del sueño.

Para evitar que otro incauto como yo pierda el tiempo con esta "novela" (llámese ronquido o bufido prolongado) cito la mejor parte que, por supuesto, no salió del genio de Fernández Mallo:

“Año 2054. Mis nietos están explorando el desván de mi casa. Descubren una carta fechada en el 2004 y un CD-ROM. La carta dice que ese disco CD-ROM que tienen entre sus manos contiene un documento en el que se da la clave para heredar mi fortuna. Mis nietos tienen una viva curiosidad por leer el CD, pero jamás han visto uno salvo en las viejas pelí­culas. Aún cuando localizaran un lector de discos adecuado ¿cómo lograrí­an hacer funcionar las programas necesarios para la interpretación del disco? ¿Cómo podrí­an leer mi anticuado documento digital? Dentro de 50 años lo único directamente legible será la carta.”
Jeff Rothenberg

Por cierto, este texto puede servir para reflexionar sobre el libro electrónico y la conveniencia de los soportes digitales.

domingo, 19 de diciembre de 2010

PERDÓN IMPOSIBLE, de J. A. Millán

En los días previos a la presentación de la Ortografía de la Real Academia, terminé Perdón Imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente, de José Antonio Millán. Lo compré hace bastante tiempo, en edición de bolsillo, por un artículo de opinión, "La grandeza de lo mínimo", de Javier Cercas, que leí en El País Semanal, sobre la importancia de una puntuación adecuada. Aún no sabía que su autor, José Antonio Millán, había dirigido la primera edición en CD-ROM del Diccionario de la Real Academia, ni que había creado el Centro Virtual Cervantes en internet, ni que había levantado una constelación de blogs, wikis  y espacios digitales diversos bajo la etiqueta de jamillan.com, en la que tiene cabida una extensión web de este libro.
Perdón Imposible aún goza de cierta popularidad porque no fue escrito como un manual de ortografía, sino como un ensayo que trata de combatir la aridez propia del tema mediante la anécdota y un diálogo constante -pero fluido- entre autor y lector. De esta manera, combina las normas sobre la puntuación, más descriptivas que prescriptivas, con múltiples curiosidades de carácter literario o sobre el origen histórico de estos signos. Su título deriva, sin ir más lejos, de la anécdota protagonizada por Carlos V, que atribuye al desplazamiento de una coma en una sentencia de muerte ("Perdón imposible, que cumpla su condena") la salvación del reo ("Perdón, imposible que cumpla su condena). 
En definitiva, una lectura recomendable, amena, bien surtida de ejemplos, muchos de ellos reales, publicados en prensa o extraídos de internet, que facilitan la comprensión de los curiosos y ayudan a los profesionales de la lengua en su enseñanza.

viernes, 14 de agosto de 2009

"Campos de Fresas" ( I )

Una de las tareas veraniegas que me he propuesto para este mes consiste en decidir las lecturas obligatorias para el próximo curso. Después de revisar listas propias y ajenas, he comenzado a leer -o releer- varios títulos de LIJ orientados, en principio, para el primer ciclo de ESO. El último que ha caído en mis manos ha sido el archiconocido Campos de fresas, de Jordi Sierra i Fabra, una novelita realista sobre los peligros de la drogadicción en la adolescencia.
La trama se organiza alrededor de dos focos de interés: uno sentimental y otro de corte policiaco. El primero es el ingreso hospitalario de Luciana, una chica de dieciocho años, que entra en coma por ingerir una pastilla de eva, variante del éxtasis, en una discoteca. Los personajes fijos que alimentan este foco de referencia son los médicos y enfermeras del hospital, sus padres y su hermana Norma. A su vez, se derivan de esta historia tres focos secundarios: el de la chica bulímica, Loreto, amiga de Luciana, que ayudada por sus padres, intenta sobreponerse a su enfermedad; el de Mariano Zapata, un reportero sensacionalista, sin escrúpulos, que pretende publicar un artículo sobre el caso con la falsa intención de "advertir a los padres sobre los peligros que las drogas de diseño pueden ocasionar en sus hijos"; y, por último, el de los amigos que la acompañaban aquella noche en la discoteca (Máximo, Santi y Cinta), que junto al novio de Luciana, Eloy, desembocarán en una pesquisa paralela a la del segundo foco de interés, de tipo policiaco, en pos de una de las pastillas de eva como la que tomaron, con el objetivo de que los médicos la analicen y puedan sintetizar una cura para su amiga. También comparte este deseo Vicente Espinós, inspector de policía, que después de tomar declaración a los amigos de Luciana en el hospital, busca al camello que les vendió las pastillas, Poli García, el "Mosca", desde las fondas cochambrosas de la ciudad, hasta encontrarlo, finalmente, en el aparcamiento del Popes, una discoteca light. En esta última localización lo acompaña su ayudante, Lorenzo Roca, que sirve de contrapunto humorístico y dota de humanidad al arquetipo de novela negra que representa el inspector.
La ambientación de Campos de fresas no es la actual, sino la del año de su publicación, 1997, en plena decadencia de la llamada "ruta del bakalao". La mayoría de los personajes jóvenes tienen entre dieciocho y veinte años, viven en casa de sus padres, estudian y salen los fines de semana a bailar bakalao en alguna de las discotecas que se sitúan en las afueras de la ciudad. Otros sólo viven para el fin de semana, como Paco, Ana, Máximo y, sobre todo, Raúl, que se prolonga, de forma ininterrumpida, de viernes a lunes, en afterhours privados o clandestinos, y con ayuda de las drogas de diseño. Las consiguen con cierta facilidad en los baños del local o en los aparcamientos para no sentir ni el cansancio ni el sueño y poder seguir bailando hasta 72 horas seguidas. Por aquel entonces todavía no era posible medir las consecuencias en esa generación -la mía, en verdad- a largo plazo, aunque sí eran noticia en los medios los golpes de calor, que terminaban en una hospitalización angustiosa o en muerte, como los casos de las chicas inglesas en que se inspira Sierra i Fabra.
La descripción del espacio, sin embargo, sufre los mismos problemas que la de los personajes: es plana, generalista y no crea una atmósfera envolvente para el lector. Tal vez se deba a la brevedad de los capítulos, al predominio del diálogo o al deseo de subordinar todos los elementos narrativos a la transmisión del mensaje que hemos enunciado en el primer párrafo como tema. Aún así, el ambiente es urbano, pero universal, pues carece de lugares privativos de una determinada ciudad, lo que posibilita la identificación con un espacio particular, real, conocido por la mayoría de los lectores adolescentes.
Otro factor es el tiempo, clave para lograr la tensión, dinamismo y emotividad que caracterizan a Campos de fresas. El tiempo narrativo apenas sobrepasa las doce horas, desde la llamada del hospital a la madre de Luciana sobre el ingreso de su hija (6 horas, 39 minutos), hasta el despertar de la misma (19 horas, 29 minutos). Los capítulos carecen de un título al uso, tan sólo reflejan las horas y los minutos de ese día. Esta técnica, que recuerda a la serie televisiva "24", por su fragmentarismo, debe tener como referente una cuenta atrás, en este caso, las 48 horas que fijan los médicos para que el coma de Luciana sea irreversible y la posibilidad de evitarlo si se analiza una pastilla similar a la que ingirió. A partir de esta premisa, la lucha contra el tiempo recae en la acción de los dos focos de interés que hemos explicado antes: la tensión dramática que inspiran los esfuerzos de Luciana por sobrevivir en el coma y la tensión dinámica de encontrar al camello que pueda proporcionar la pastilla que facilite su cura.
En el plano narrativo, esta manera de administrar el tiempo no sólo reviste de verosimilitud el relato, sino que permite representar la acción o el punto de vista simultáneo de varios personajes sobre un mismo hecho, lo que se ha llamado perspectivismo, y que se ejemplifica en la persecución final del camello Poli García en el aparcamiento de la discoteca Popes. Es una técnica que aporta agilidad, dinamismo y que se entiende de manera muy cinematográfica.
Otro uso del tiempo menos llamativo en la narración es el de los flashbacks o saltos hacia atrás en el tiempo. Campos de fresas empieza in media res, es decir, en mitad de la acción, puesto que se narran las dramáticas consecuencias de la drogadicción, pero no la causa, la manera en qué ha ocurrido: algo que el lector imagina, pero de la que no tiene detalles. Sierra i Fabra lo utiliza para captar la atención de los lectores desde el principio y reforzar su mensaje. Los hechos que ocurrieron aquella fatídica noche los conocemos durante el relato, a través de la mala conciencia de Máximo, Santi y Cinta, los amigos de Luciana, que nos proporcionan las piezas que faltan bajo la culpabilidad de haberla inducido al consumo de pastillas. De esta forma, los remordimientos justifican la dosificación de la información narrativa necesaria sin alterar el orden cronológico de los acontecimientos y advierten sobre el comportamiento irresponsable de algunos adolescentes que, sin sufrir directamente las consecuencias, las provocan en otros.

En la próxima entrada, analizaremos Campos de fresas desde La página escrita, un manual de Jordi Sierra i Fabra en que revela cómo escribió ésta y otras novelas de literatura juvenil.

lunes, 5 de enero de 2009

"Fábulas" de Italo Svevo

Italo Svevo, seudónimo de Aron Héctor Schmidt, nació en Trieste en 1861, hijo de madre italiana y de padre alemán, y murió en Motta di Livenza en 1928. Fue periodista, escritor y gran lector de autores clásicos, como Shakespeare o Turgueniev. La primera novela que publicó, Senilidad, pasó desapercibida para público y crítica. Más tarde, con La conciencia de Zeno, consiguió el reconocimiento que debía y se postuló como uno de los autores "necesarios" de principios del siglo XX, junto con Kafka o Joyce, quien confesó su admiración por el escritor italiano.
El librito que vamos a reseñar incorpora algunas fábulas dispersas en sus novelas y otras que aparecieron mezcladas con cuentos y relatos cortos. La responsable de su publicación es Gadir Editorial, que encargó la traducción a Carlos Manzano y las ilustraciones a Pablo Auladell. Las fábulas se estructuran en cuatro secciones: "Fábulas. Hombres y animales", "Las fábulas de Zeno", "Historias de alas" y "Argo y su amo". La segunda y tercera sección se componen de textos extraídos de La conciencia de Zeno y de Una burla lograda; y todas, a su vez, son deudoras de la tradición fabulística iniciada por Esopo y Fedro, así como de sus continuadores, La Fontaine y Samaniego. A partir de estos modelos, Italo Svevo compuso sus fábulas adaptándolas a su tiempo (en "Un suicidio" nombra al pensador Herbert Spencer, célebre en la época) y dotándolas de un humor agridulce, con más partes de pesimismo y misantropía de lo que el lector espera. Esto se advierte en la crítica social al asentamiento del utilitarismo o del pragmatismo moderno, como, por ejemplo, en la moraleja de "El asno y el papagayo", o al materialismo, en "Indispensable", que recuerda a la famosa letrilla de Quevedo, e incluso a la veneración de la juventud, que ejemplifica "El viejo enfermo". Los protagonistas que encarnan los vicios o las virtudes humanas no siempre son animales, ni siquiera hombres; algunas veces es Dios quien representa estas debilidades mundanas, un recurso que le sirve al autor para subrayar su misantropía, tal y como aparece en "No hay placer" o en "Dinero y cerebro".
Las Fábulas de Italo Svevo es una pequeña joya literaria, tanto por la calidad de los textos como por la edición del libro. La elección del género y el tratamiento de los temas lo capacitan como regalo para niños y adultos, pues necesita de más de una lectura para comprender, sino aprender, todo lo que su autor pretende transmitir. Espero que las tres fábulas que siguen convenzan al lector de estas palabras:


El hombre y los peces

"Si el hombre nos resulta tan peligroso con las redes que arroja desde el aire, ¿qué será, si consigue penetrar nuestras aguas?", preguntó una dorada.
Y el tiburón, que tenía experiencia, respondió: "Un buen bocado".


La liebre y el automóvil

Una estúpida liebre vio pasar un automóvil.
"¡Oh!", gritó. "Los hombres han inventado la rueda".


Un pajarito advirtió que la puertecita de su jaula había quedado abierta. Al principio, pensó en aprovechar para escapar volando, pero después cambió de opinión temiendo perder su libertad, si, durante su ausencia, volvía a cerrarse la puertecita.

Extraído de "Las fábulas de Zeno".



sábado, 29 de noviembre de 2008

La era de la brevedad. El microrrelato hispánico

"Salvo la vida, todo debería ser breve", afirma Luis Britto García en "LOS GÉNEROS LEVES", su contribución en La era de la brevedad. El microrrelato hispánico, publicado por MENOSCUARTO EDICIONES en su colección Cristal de cuarzo. Este libro coral recoge las actas del IV Congreso Internacional de Minificción, celebrado en la Universidad de Neuchâtel en noviembre de 2006. La edición corre a cargo de Irene Andrés-Suarez y de Antonio Rivas, profesores universitarios y organizadores del Gran Séminaire de Neuchâtel, que desde 1993 debate sobre la narrativa escrita en castellano y cuyas conclusiones edita Arco/Libros. Las seiscientas páginas de este volumen se reparten en tres apartados presididos por un prólogo de los autores, que tratan sobre "Teoría", "Ensayos sobre el microrrelato hispánico" y "Testimonios de escritores", respectivamente. La nómina de autores que relata sus experiencias en esta última parte incluye tanto escritores españoles, como Javier Tomeo, José Mª Merino o Luis Mateo Díez, hasta escritores latinoamericanos, algunos poco conocidos en nuestro país, como el propio Luis Britto García o Luisa Valenzuela. El resultado es una imagen global y enrquecedora del microrrelato, aderezado con intersantes aportaciones teóricas que cambiarán nuestra forma de leer este "microgénero" narrativo.
Los microcuentos que se citan a continuación forman parte de los anexos de algunos de los escritores participantes del IV Congreso Internacional de Minificción. Según rezan las anotaciones que los acompañan, fueron escritos durante la celebración de este evento. Espero que disfrutéis con ellos.


VIDA DE HOTEL

(Para José María Merino)


Disipado el vaho, vio que el espejo reproducía en detalle el baño dónde él estaba, aunque reflejaba otro baño. Vio la imagen de un hombre desnudo que se le parecía en todo, no su imagen. Vio que el espanto de la cara del espejo era idéntico al suyo, pero no era su espanto. Y, cuando abrió la boca aterrada para gritar, vio que al otro le faltaban dos incisivos con los que él efectivamente contaba.

-¡Ah! Conque esas teníamos- murmuró.

Y recuperó la calma,

RAÚL BRASCA


CONTAMINACIÓN SEMÁNTICA

(Para José María Merino)

La vida transcurría plácida y serena en la bella ciudad de provincia sobre el lago.
A pie o en coche, en ómnibus o en funicular, sus habitantes se trasladaban de las zonas altas a las bajas o viceversa sin alterar por eso ni la moral ni las buenas costumbres.
Hasta que llegaron los hispanistas y subvirtieron el orden. El orden de los vocablos. Y decretaron, porque sí, porque les dio la gana, que la palabra funicular como sustantivo vaya y pase, pero en calidad de verbo se hacía mucho más interesante. Y desde ese momento los y las alegres hispanistas, colegas y amigos, funicularon para arriba, funicularon para abajo, y hasta hubo quien funiculó por primera vez en su vida y esta misma noche, estoy segura, muchos de nosotros funicularemos juntos.
Y la ciudad nunca más volverá a ser la misma.

LUISA VALENZUELA


FINAL NO SEXISTA

(Para Ana María Shua)

Abejas y abejos, ardillas y ardillos, arañas y araños, cigarras y cigarros, focas y focos, golondrinas y golondrinos, jirafas y jirafos, lampreas y lampreos, merluzas y merluzos, morsas y morsos, moscas y moscos, nécoras y nécoros, nutrias y nutrios, ranas y ranos, ratas y ratos, truchas y truchos, urracas y urracos, os saludo a todas y a todos, y os vaticino que, tal como se están poniendo las cosas en este planeta, tenéis los días contados.

JOSÉ MARÍA MERINO



miércoles, 3 de septiembre de 2008

¿ES "EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS" LITERATURA JUVENIL? ( II )

Además de las deficiencias en la ambientación histórica y en la construcción del relato, lo que más sorprende al lector adulto es el protagonismo directo que cobra la muerte en el final del libro. Durante la narración se percibe como una presencia lejana, un elemento dramático secundario que alimenta nuestra empatía con los personajes principales, ya sea por el fallecimiento de la abuela de Bruno o a través de las connotaciones de la palabra Auschwitz, que el autor trata de atenuar con una nueva deformación: “Auchviz”. El objetivo es, en realidad, el de confiar al lector para lograr el mayor impacto emocional en el desenlace, ya que sucede en el punto álgido de la amistad entre los protagonistas. Este impacto emocional juega, a su vez, con el supuesto de que la muerte no debe aparecer de forma explícita en la literatura juvenil, un tema tabú reservado, únicamente, a la literatura para adultos, lo que refuerza, todavía más, la sorpresa, por lo inesperada, e inclina la balanza hacia el slogan de la contraportada: “(No) es sólo un libro para adultos”.
El meollo de este prejuicio se encuentra en una sociedad cada vez más protectora con la infancia y en la concepción occidental de la muerte como un aspecto negativo de la existencia, no como un fenómeno natural ni como una verdad incontestable que forma parte de la vida. Por lo tanto, la mayoría de los ciudadanos (padres y educadores a la cabeza) preferirán la felicidad en la ignorancia a esa verdad infeliz, aunque resulte ineludible y sus consecuencias se vean agravadas por el autoengaño. Por suerte, la Literatura Infantil y Juvenil ya hace tiempo que comenzó a romper con los tradicionales temas tabú, tal y como señala Teresa Colomer en varios de sus artículos, para responder a las necesidades de lectores adolescentes más inquietos que no encuentran una contestación satisfactoria a las preguntas que plantea la vida en las personas adultas. Dos ejemplos bien claros serían El niño gris y Un puente hacia Terabithia, de Katherine Paterson. El primero es un álbum ilustrado que conocimos en el “Diploma de lectura, cultura i literatura per a infants i joves” de la Universidad de Valencia, y que tras el estupor inicial, suscitó una viva polémica sobre la conveniencia de un libro infantil que educara en la comprensión de la muerte. El segundo, Un puente hacia Terabithia, es un clásico de la literatura juvenil norteamericana que, recientemente, ha sido llevado a la gran pantalla. Al igual que El niño con el pijama de rayas, trata sobre la amistad y la muerte, aunque desde un tiempo cercano al actual y de una manera mucho más realista, emotiva y natural. No quiero desvelar mucho más de la obra de Paterson, porque bien merece una entrada en “Aguja de marear”.
Pero, esta interpretación tal vez sea insuficiente para algunos lectores, porque algunos todavía se preguntarán: “¿Acaso no es bastante emotiva la amistad entre dos niños predispuestos a odiarse?” “¿Qué sentido tiene que murieran?” La respuesta, a mi parecer, es todavía más amarga. No sé si algún día releeré El niño con el pijama de rayas y cambiaré de opinión, como me ha ocurrido con algún otro libro, pero la impresión que tuve al terminarlo fue que a John Boyne no le movió la exaltación de la amistad para escribirlo, ni la necesidad de darnos una lección de tolerancia, sino un oscuro sentimiento de venganza. Una venganza todavía más cruel porque, a ojos de cualquier lector, no está dirigida a Bruno ni tampoco motivada por ninguno de sus actos, pues se percibe como una figura positiva, inocente, casi milagrosa. El objetivo es el comandante nazi de Auschwitz, padre del niño, del que tan sólo conocemos algunos rasgos desdibujados de su vida familiar, pero del que intuimos el horror de sus actos cuando cruza el umbral de su casa. La relación con su familia se muestra distante, autoritaria e intolerante (el desacuerdo con su madre, abuela de Bruno, es un buen ejemplo), donde la ambición y la sumisión a su líder pesan más que el bienestar real de los suyos. No es porque no quiera a su mujer e hijos, es porque su trabajo se antepone a su responsabilidad como padre y marido. Si fuera así, Bruno no habría encontrado su propio final y las últimas páginas del libro no se habrían escrito, donde el autor se regodea en el dolor del padre, que sufre el peor de los castigos: no saber si su hijo ha muerto y en qué circunstancias se pueden haber producido. Por otra parte, es una venganza cargada de simbolismo y de cierta paradoja, pues Bruno camina hacia la muerte de la mano de Shmuel, el niño judío, movido por la amistad entre ambos, un sentimiento positivo que posibilita el intercambio de papeles entre víctimas y verdugos. Pero el elemento más aterrador es que la responsabilidad última de esta tragedia la tiene el comandante nazi, es su trabajo, aunque uno de tantos niños con pijama de rayas sea su propio hijo.
En conclusión, John Boyne escribió un libro para adultos disfrazado de literatura juvenil. Ni los elementos paraliterarios, ni la debilidad de la trama, ni la deficiente ambientación histórica pueden encubrir un propósito cruel, como es la venganza contra un padre a través de su hijo. Aunque, si recordamos los grandes clásicos de la literatura infantil y de la tradición oral, tal vez encontremos un nuevo motivo para dudar.

sábado, 23 de agosto de 2008

¿ES "EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS" LITERATURA JUVENIL? ( I )

Cuando elijo un libro para leer, no suelo dejarme llevar por las modas o las novedades editoriales, ni tan siquiera por la opinión de ningún crítico en boga. Prefiero seguir mi propio instinto, dejar que la curiosidad actúe por cualquier motivo banal, como la encuadernación, el título o el número de páginas. Aunque, también es cierto que juego con ventaja: la mayor parte de lo que leo suele ser comprado (sólo visito las bibliotecas cuando necesito alguna publicación muy específica que no se encuentra en el mercado o que supone un coste excesivo), fruto de una selección previa, meditada y mejor informada, donde la curiosidad trasiega por los caminos de la memoria. El niño con el pijama de rayas fue una excepción.

Si tuve alguna motivación concreta, personal, para leer la novela de John Boyne, creo que no la encontraría en el aburrimiento veraniego, la tremenda campaña publicitaria que le precede o las recomendaciones de compañeros y alumnos, sino en la frase (casi un eslogan) que cierra la contraportada: “Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad”. Esto despertó mi curiosidad, porque planteaba el reto de comprobar que fuera cierto. Además, el hecho de estar destinado a adultos, cuando la edición era propia de la literatura juvenil, le añadía un oscuro atractivo. Leí con calma sus poco más de doscientas páginas. Durante dos días fui la sombra, aún más, la consciencia mutilada de Bruno, pues, como la mayoría de los lectores adultos, reconocía el contexto histórico y sus atroces consecuencias, pero no entendía cómo un niño de su edad no las percibía, hijo de un comandante nazi destinado en Auschwitz, para más INRI. En primer lugar, ni siquiera aludía a la II guerra mundial, a pesar de estar ambientada en la Alemania de 1942. Tan sólo hacía una breve mención sobre los soldados rusos que liberaron el campo de concentración en 1945, ya en el final, pero nunca durante la narración, ni de boca del protagonista. En segundo lugar, resultaba curioso que el personaje histórico de Hitler fuera renombrado como el Furias (cómica deformación de Führer), que Bruno sólo reconoce como jefe de su padre y no como el dictador nazi que gobernó Alemania en aquella época. Para un lector que ha vivido en un país de pasado totalitario, parece milagroso, por no decir increíble, que un niño de entonces fuera inmune a la propaganda oficial, presente en todos los hogares, escuelas y calles en forma de esvásticas, carteles y lemas belicistas. Tampoco es verosímil que un comandante del partido nazi no haya aleccionado a su hijo en los principios del odio ni en los valores de la ideología violenta, radical y absorbente que profesa. De hecho, no duda en trasladar a toda su familia hasta su lugar de trabajo, el epicentro de la vergüenza humana, a pesar de que los horrores derivados de sus actos se vean por la ventana de la habitación de su hijo. Ésta es, a mi parecer, la actitud de un fanático y no la de un padre protector que quiere aislar a su familia del terror que la rodea. En tercer lugar, no estoy de acuerdo en que la amistad entre Bruno y el niño judío sea un fin en sí mismo, ni siquiera el tema de la novela, sino un medio que posibilite el final, cuando el escritor da rienda suelta a los condicionamientos históricos que hasta entonces había retenido. Es más, seguramente partió de la imagen de un niño nazi que entra, confundido entre docenas de judíos, en una cámara de gas de Auschwitz; las páginas que le preceden deberían explicar cómo llegó a este momento climático. Para ello, eran necesarios tres elementos narrativos como el trabajo del padre, que lo sitúa en el espacio geográfico idóneo, la amistad con el niño judío y la ausencia de semejantes con los que jugar, que lo anima a traspasar las alambradas, y la inconsciencia del tiempo histórico en que vive, sin la que jamás se habría vestido con el pijama de rayas, ni habría perdido su identidad para ser conducido, como cientos de miles de víctimas anónimas, a las cámaras de gas. Por tanto, esta fábula se vale de elementos cada vez menos verosímiles que desembocan en un desenlace imposible, aunque imprescindibles desde el punto de vista de la lógica narrativa.



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