domingo, 31 de diciembre de 2017

¿Cómo gestionar un blog para crear un diario personal de lectura?


Este artículo es el segundo que envié a las editoras de la revista de estudios en lectura y escritura Lecte que, a día de hoy, no ha iniciado su andadura. Sus editoras son tres compañeras de una universidad de Santiago de Chile.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Multiliteracidad y lectura digital en la alfabetización mediática

Imagen tomada del Museo del Louvre.
Este artículo es el primero que envié a las editoras de la revista de estudios en lectura y escritura Lecte que, a día de hoy, no ha iniciado su andadura. Sus editoras son tres compañeras de una universidad de Santiago de Chile.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Selección de lecturas recomendadas por y para estudiantes de Bachillerato

Los profesores de Literatura hemos repetido hasta la saciedad la célebre afirmación de Daniel Pennac de que el verbo leer no admite el imperativo. Así lo argumentaba en Como una novela, su libro más conocido, y que ya comenté, con detalle, en mi blog Aguja de marear.
La publicación del libro de Pennac inició un debate -no del todo resuelto- sobre la obligatoriedad de la lectura en el ámbito escolar y su posible repercusión en la adquisición del hábito lector. Algunos abominaron de las lecturas obligatorias para favorecer, únicamente, el "dar de leer" aquellos títulos que fueran del gusto del estudiante; otros conservaron su poder de decisión y la mayoría mutaron su plan de fomento de la lectura en una estrategia híbrida que mantuviese la obligatoriedad, como aval de su ejecución, y la voluntariedad más o menos abierta de elegir aquellos títulos que alimentasen este hábito por placer.
En mi caso, como docente, siempre he sido partidario de esa estrategia híbrida, pero con una lista de lecturas voluntarias abierta, que diese un poco más de libertad de elección y facilitase la participación de mis estudiantes. La única condición que siempre he puesto es que me enseñasen el libro o me comunicasen su título para ejercer de manera eficaz como mediador de la lectura. Sin embargo, el placer de leer una lectura voluntaria no debe ser un acto completamente altruista: ha de tener un reconocimiento específico en la calificación del alumno. Para ello, tomé un modelo de ficha de lectura creado por Felipe Zayas, que rediseñé, primero en papel, para adecuarlo a las necesidades de mis clases, y más tarde en formato telemático, gracias a la herramienta Google Forms. La lista de lecturas voluntarias -algunas interactivas, también en List.ly-, así como la ficha para enviarlas y que las pueda valorar, se encuentran desde hace tiempo en la página dedicada "Lecturas recomendadas" de Aguja de marear.
Las aportaciones telemáticas de mis estudiantes de Secundaria y Bachillerato se almacenan en el mismo formulario y en una hoja de cálculo, con la que se puede interactuar con Excel. Esta herramienta no solo anima y facilita la calificación de las lecturas voluntarias, sino que dibuja un panorama global sobre los gustos de los adolescentes de una determinada edad, a partir de un muestreo significativo. La interpretación del muestreo conduce a algunas conclusiones inesperadas. La primera es que los gustos de los estudiantes de Bachillerato son más variados de lo que se esperaba, pues no solo se decantan por la literatura comercial, la del best-seller, con John Green o Jo Jo Moyes a la cabeza, cruzada con Literatura Infantil y Juvenil, entre los que siguen reinando J. K. Rowling o Blue Jeans, sino que coquetean con clásicos universales, novela histórica y de terror. La segunda es que se quiebra la hegemonía absoluta de la novela, puesto que, de forma tímida, pero no residual, registran títulos de teatro, poesía y cuento. Tal vez se deba a tres factores complementarios: la educación literaria, en connivencia con las estrategias de animación a la lectura, en el ámbito académico; el amplio catálogo de las bibliotecas, tanto del centro como municipales; y la disponibilidad de libros en casa, pues de padres lectores es más probable que se formen hijos lectores.
Los diez títulos que reseño a continuación con List.ly son una muestra breve de las preferencias de los estudiantes de Bachillerato y una invitación a la lectura para aquellos que aún no los hayan disfrutado. A todos ellos agradezco su colaboración y les deseo unas felices lecturas navideñas.


jueves, 20 de julio de 2017

2.4. Mi biblioteca literaria: clásicos griegos y latinos



La raíz de lo que somos nace de la Grecia y Roma Antiguas. El acervo cultural, parte de nuestras costumbres o el idioma (el 70% del castellano es deudor del latín) legitiman una mirada recurrente al pasado, tal vez como referencia para saber adónde ir.
Las obras de intención literaria son mayoría en el estante de clásicos, pero no son las únicas: conviven con algunos volúmenes de carácter filosófico, histórico, científico o retórico, escritos por Platón, Aristóteles, Suetonio, Herodoto, Paracelso u Horacio. Otros, sin embargo, apuran aún más la delgada línea que separa la ficción de la no ficción, como Herodoto y su Teogonía.
Entre las obras de ficción, siempre destacan los poemas épicos, narrativos, de La Iliada y La Odisea, ambos de Homero, junto con La Eneida de Virgilio. La poesía lírica, por su parte, está representada por Safo, Los epigramas de Marcial o las Odas y Epodos de Horacio, pues su influencia en la literatura posterior fue determinante. El segundo género en importancia es el teatro, abanderados por dramaturgos griegos como Sófocles, Aristófanes o Eurípides y seguidos por los latinos Plauto o Esquilo. La prosa, por último, incorpora títulos como El asno de oro, de Apuleyo (esencial para comprender el Lazarillo de Tormes) o El Satiricón, de Petronio, considerada la primera novela occidental.
En definitiva, los clásicos griegos y latinos deberían disfrutar de un lugar privilegiado en cualquier biblioteca que se precie, puesto que no solo nos ayudan a entender nuestro pasado y presente, sino que son una brújula infalible para dirigir la construcción de nuestro futuro.



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